Sin delanteros no hay paraíso

Por  1:37 h.

El debate de siempre. El asunto de cada temporada del Betis de los tiempos modernos, a excepción de dos o tres honrosas excepciones. El delantero. O el «no delantero», llámenlo como quieran. Porque, a qué engañarse, qué aficionado verdiblanco no se ha preguntado desde que comenzara esta Liga aquello de adónde podría llegar el equipo si tuviera aunque fuera sólo un buen delantero, un punta goleador, un nueve de verdad, de Primera División. Sin tenerlo, el nivel que se puede dar y las metas que se pueden alcanzar parecen evidentes, pelear para no pasar apuros por abajo e intentar dar la sorpresa en algún campo de relumbrón alguna vez. Perder, empatar, ganar, sufrir, pelear… Pero con Pavone y José Mari como exponentes de delantero centro en la plantilla –y si se quiere entender a Sergio García como ariete, pues inclúyanlo también, lo mismo da–, se puede hacer lo que se puede hacer. Y es que, más allá de simpatías o de solidaridad, honradez, derroche físico y pelea sobre el campo, que no tienen por qué ponerse en duda, ninguno de los dos da la talla. Ni parece que la vayan a dar nunca. No hay más que ver las cifras y las ocasiones falladas desde una perspectiva fría, desapasionada. Hay lo que hay.

Así las cosas, la responsabilidad goleadora está recayendo en «no especialistas», que hasta la fecha están salvando al equipo en el apartado goleador y haciendo más o menos lógico el balance global de tantos en relación a la capacidad de generar ocasiones que, esta vez sí, tienen los verdiblancos. Esta campaña sí que se llega al área, sí que se construyen jugadas de ataque con solvencia, sí que se hace trabajar al portero rival, pero son futbolistas como Mehmet Aurelio, Juanito, Damiá o Emaná los que suman goles, no los delanteros. El primero, por cierto y a modo de paréntesis, está empezando a agotar los elogios por sus demostraciones, jornada tras jornada, de superioridad con respecto a sus compañeros, tanta que puede afirmarse que el Betis actual lo lidera y lo maneja el turco-brasileño acompañado en el césped por diez más. Gracias a su fútbol, sobre todo al suyo, el conjunto de Paco Chaparro va a más y muestra un nivel de juego más que aceptable desde que se iniciara la competición, pese a que en Soria hubo menos continuidad. Pero el hándicap de no tener un artillero se hace notar y cuando haya que hacer el resumen final de la temporada resultará decisivo. Sólo hay que mirar atrás y comprobar que el Betis de las sociedades anónimas, de 1992 hacia acá, ha triunfado en el sentido estricto del término sólo cuando se ha conjugado el binomio que forman un buen entrenador –básicamente Lorenzo Serra Ferrer— y un buen delantero centro –a mediados de los 90 Alfonso y a mediados de la década actual Oliveira–. Lo demás es fácilmente olvidable. Como puede ser este año por no haber fichado un buen nueve, la pieza clave de cualquier equipo. Sin tetas no hay paraíso. Y sin buenos delanteros, tampoco.

Redacción

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