Todos hablan. Nadie piensa

Por  2:04 h.

Todos hablan. Todos. Y uno va superando a otro en lo disparatado del comentario. En estos días ignominiosos para los béticos, todos en el club han decidido hablar y soltar una bobada tras otra con total tranquilidad. Con la que está cayendo. Con lo que está padeciendo la afición. Con tanto tiro al bulto de Robert. Con tanto bulto. Todos hablan y nadie piensa. Nadie calla en momento oportunísimo para cerrar la boca.

La semana, precisamente ésta en la que el Betis se juega no darse el gran batacazo mientras cercanos vecinos cargan camiones de laurel, ha mostrado la ligereza de verbo de todos los estamentos de la entidad de Heliópolis, que han pugnado en torpeza. Hablaron los jugadores; algunos, para qué. Justificaron, como siempre, la pésima campaña en la mala suerte y en injusticias arbitrales. Como ya escribió Gerardo Torres, no. El Betis está donde está por la poca calidad de su plantilla. Si la Liga tiene algo es eso, que premia la regularidad, y si algún día el infortunio ha golpeado, otro el propio azar ayuda. Ninguno ha dicho aún que el equipo está abajo porque ellos son peores que, por ejemplo, los futbolistas del Racing o del Recreativo, cuando es esa la realidad. Pero tras los jugadores habló el entrenador. Fue peor. Luis Fernández, quizás trastornado por su triste cosecha de un triunfo en los once partidos oficiales más recientes, culpó a los periodistas de “espiar para favorecer al Sevilla”, de infiltrarse en sus entrenamientos a puerta cerrada –que pocos resultados están dando– y, para colmo, sentenció que “sin lesiones, con esta plantilla podría acabar el cuarto o el quinto”. Sin comentarios. Menos de sus estériles planteamientos tácticos, habló de todo. Eso ya lo inventaron Clemente, Aragonés y otros. Luego rizó el rizo el inefable Robert aludiendo a su posible marcha –ahora que ha renovado— en verano. ¿Y quién lo quiere? Misterio. Habló hasta un posible fichaje. Raro. Contreras, después, refirió que el club “debe consolidarse en Europa”. Para consolidarse, antes hay que estar. En fin… Y para colmo, hablaron directivos. Antes, en privado, hablaría el dueño del club, claro, ya que sólo eso explica que quienes le rodean digan luego “esta boca es mía” o simplemente pronuncien palabra. Un vicepresidente con experiencia en el cargo habló de la afición y dejó caer, en injusta, errónea y estúpida comparación, que la hinchada del Athletic es el ejemplo a seguir para así intentar dar un palo a los del “Lopera vete ya” y justificar la subida de precios –otra penosa medida, en vez de intentar llenar el campo con colegios enteros de futuros béticos–. Posiblemente no estuvo este directivo en las gradas de San Mamés hace dos años cuando el Betis obtuvo el pase a su última final copera y todo el estadio cantaba eso de “Españoles, hijos de puta”. Posiblemente no viera las piedras lanzadas al autobús del equipo verdiblanco ni las pancartas de apoyo a los presos etarras poblando las tribunas. Posiblemente no sepa aún que la parroquia bética, curtida en angustias y sequías, es mejor que la catedral bilbaína. Para rematar, otro consejero dijo después que le decepcionaría enterarse que el accionista mayoritario gana dinero con el club. La frase copó titulares de prensa, claro. Todos han hablado. Para esto. Y lo que toca no es precisamente hablar, sino callar, trabajar y ganar de una vez uno o dos partidos que aseguren la permanencia en Primera para el centenario. Lo demás es chau-chau. O guau-guau.

Redacción

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