Una generación de vuelta

Por  21:25 h.

De la goleada en contra encajada en el Santiago Bernabéu y la imagen infame mostrada por el Betis, que le convirtió en mero «sparring» del Madrid, pueden extraerse muchas consideraciones, desde la distancia abismal entre equipos hasta el mal planteamiento del entrenador, pasando por las enormes diferencias que el conjunto verdiblanco tiene entre su endeble defensa y el ataque. Pero quedémosno en estas líneas con una que ya se arrastra de campañas atrás y que está dando cada vez peor cara. Y no se trata de oportunismo ni de aseveraciones ventajistas precisamente tras un 6-1 en contra, o al menos no sólo de eso, sino de una realidad cada vez más evidentes: es necesario dar el relevo, por decirlo de un modo suave, al grupo de futbolistas «de la casa» sobre el que se vertebra la plantilla.

Si la predeterminación periodística suele ser proteger con sus epítetos a los futbolistas que maman del mismo escudo, por resultados y también por proximidad y hasta por simple simpatía, de vez en cuando debe resultar hasta saludable nadar contra esta corriente. La generación procedente de la cantera que aún se mantiene en primera línea del conjunto bético –aquella quinta de Joaquín– está en plena cuesta abajo para desgracia del equipo. Y decir lo contrario es sólo engañarse por no quedar mal. Sin señalar a ninguno en particular… pero a todos a la vez. Basta con ver el papel desarrollado por la pareja de centrales Meli-Arzu en terreno madridista. Patético. En la marca, en la concentración, en la anticipación, en la salida de balón… en todo. El primero, carne de banquillo, está a años luz de aquel internacional sub 21 que prometía años en la absoluta, mientras que el segundo, quizás desorientado por tanto cambio de posición en sus años de carrera, al final no va a ser futbolista importante en ninguna de esas demarcaciones. En la de central, seguro que no. Sustituía ese tándem al formado por Juanito y antes por Rivas. Este último es ya futbolista absolutamente de vuelta que ni siquiera cuenta para este Betis de suspenso constante, donde sus últimas participaciones se han saldado con tremendo fiasco y puntos para el rival. El capitán, por su lado, parece con la cabeza puesta en otro sitio ante su más que probable marcha en junio y sus actuaciones durante esta campaña como bético son para que más de uno –entre ellos, un servidor– se asombre de que se haya mantenido entre los seleccionados por Del Bosque. Su cuesta abajo no sólo se intuye, es que es obvia. Queda de este grupo el bueno de Capi, ahora lesionado, al que le sobra voluntad pero le falta ya aquel fútbol que lo llevó al primer escalafón nacional. El resto de esa generación que dio tantas alegrías anda perdido por banquillos diversos (Doblas, Dani…). Y no parece su nivel futbolístico el único problema, porque ese apartado es casi extensible al noventa por ciento del plantel. La sensación –y digo sensación porque afirmar tajantemente es indemostrable— que ofrecen es de un escandaloso desdén ante lo divino y lo humano, una falta de hambre, la clave de cualquier triunfador, que acaba contagiándose a todo el vestuario, viciado por la perpetuación del mismo grupo de jefes aparentemente indiferentes ante lo que para cualquier aficionado es un drama cada fin de semana, cada temporada. Ahí está una parte importante de problema verdiblanco. Más allá de legítimas o ilegítimas reclamaciones salariales, cualquier entrenador sabe que mantener la comandita de la caseta acaba siendo un problema. Y si lo más prometedor de lo que viene por detrás, la punta del iceberg de la cantera, es Juande, pues párense a pensar…

Redacción

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