Ante otra oportunidad

Por  13:40 h.

Una vez certificada (¡albricias!) la permanencia del Betis en la Primera división para la Liga 2008-09, a dos jornadas para la finalización de la temporada con todo lo que ello conlleva de bueno, el debate se abre entre el beticismo que silbó desde la grada al término del partido con el Valladolid y el que considera que el equipo y el cuerpo técnico, sobre todo el cuerpo técnico, merecían otra cosa. Es un choque de pareceres desde luego habitual en el fútbol y en el desarrollo de la cuestión pueden consumirse horas de conversación, litros de cervecita fresquita y kilos de caracoles sin que unas tesis puedan al final con las otras porque todos los aficionados creen entender mejor el asunto que el vecino y por lo tanto están convencidos de que manejan la verdad absoluta sobre los detalles que pueden desequilibrar cualquier disquisición. Y todo es divertido, aunque relativo porque las opiniones, por muy acaloradamente que se defiendan, no dejan de ser eso mismo y son, por definición, subjetivas.

¿Quiere decir esto que no hay una realidad objetiva a la que agarrarse? Por supuesto que sí, pero en el mundo del fútbol se escatima muchísima información y se propaga el rumor e incluso la infamia con una facilidad brutal, así que es francamente difícil dar por válida cualquier conclusión que no se sostenga con datos muy sólidos, como son los que se desprenden de los resultados de los partidos, de las competiciones y de las temporadas, que también se pueden interpretar de una manera interesada para tratar de justificar acciones o para atacarlas, y aquí entran en juego el partidismo, la mentira, el cinismo y la demagogia. Bueno, como en política, pero normalmente con un lenguaje algo más zafio.

Es un dato objetivo que el Betis lleva tres temporadas luchando por no descender a Segunda división y esto quiere decir que se están haciendo las cosas mal, y no hace falta entrar en más detalles. Sin embargo, la dirección del club no comparte esta idea, defiende que todo se ha hecho bien y que los árbitros, las lesiones y la mala suerte han privado a la afición de gozar de un equipo buenísimo como la vitamina C. Y esto me parece el colmo de la desvergüenza y un desprecio superlativo a una masa social que en buena medida, ay qué paradoja, es “culpable” de la situación que vive por su “exceso de celo” en el apoyo al equipo de sus amores, llámenlo pasión como pocas hinchadas han demostrado regularmente, sin vaivenes, a lo largo de su historia. ¿Por qué no se moderniza el Betis? ¿Por qué no trabaja por la proyección de su marca y de su imagen? ¿Por qué no ha entrado en el siglo XXI como el resto de los clubes de Primera y muchos de los de Segunda? Porque da igual: al final, 35.000 socios todos los veranos y 40.000 espectadores en cada partido. Aquí la clientela está asegurada aunque se la maltrate.

El domingo toca derbi y son muchos los que ya han dicho que hay que ganarlo para terminar el año con alegría “porque ya se sabe que derrotar al eterno rival puede valer por una temporada entera”. Y es tan triste que da pena escribirlo, pero es cierto. Si el domingo derrota el Betis al Sevilla y le complica o le impide a los nervionenses el acceso a la Champions League, aquí no ha pasado nada, felicidad y a fichar “limas” para el año que viene con una secretaría técnica innombrable que ha demostrado que no distingue un pelotero de una botella y cuyos componentes causan estupor y vergüenza ajena allá por donde van. A seguir con unos dirigentes a los que nadie se toma en serio. A tirar la moneda al aire y que sea lo que Dios quiera. Ande yo recalificaliente y ríase la gente.

Ojalá no fuera así. Ojalá este verano cambie algo en el Betis. ¿Cuántos años venimos diciendo esto por estas fechas?

Redacción

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