Crecimiento atómico

Por  18:29 h.

Predicar la humildad y practicar el dislate no solamente es incoherente, sino motivo de preocupación sincera cuando el discurso es público, tiene la repercusión inevitable de todo lo que afecte al Real Betis Balompié y el firmante es nada más y nada menos quien ostenta la presidencia del club, aunque su incidencia en la marcha del mismo sea insignificante.

Que el Betis pueda pelear al final de la presente temporada por clasificarse para la próxima Copa de la UEFA es una posibilidad más, como otra cualquiera. El fútbol abre y cierra puertas inesperadamente y descartar cualquier opción con nueve meses de antelación no llevaría a nada. No es uno de los favoritos el cuadro de Héctor Cúper en la carrera por conseguir uno de los puestos de honor de esta Liga y realmente parece complicado que termine este ejercicio en esa zona noble y apreciada de la tabla, pero no siempre ganan los favoritos y de ahí la gracia de las apuestas. Diga usted que sí, monsieur León, que cosas más raras se han visto y lo mismo se da un año magnífico y termina para todo el beticismo con una alegría no prevista.

Tampoco hay que rasgarse las vestiduras porque haya dicho el eterno dirigente nazareno (tres veces presidente en cuarenta años sin preguntarle jamás a la afición, ahí está la evolución de las ideas) que el Betis podría aspirar más adelante a ganar una Liga. ¿Es que no puede darse el caso? ¿Quién sabe cómo serán las cosas en unos años? León no ejerció de profeta, no afirmó, no dio plazos temporales y se limitó a lanzar al aire un deseo legítimo revestido de posibilidad real que nadie puede negar. Es verdad que hoy por hoy no puede soñar el bético de a pie con la conquista de un título de Liga, pero más adelante nunca se sabe, sobre todo porque “más adelante” puede ser tan adelante que cualquier futuro lejano vale.

Lo que chirría es que José León trate de ajustar los objetivos a los medios reales para rebajar la posible tensión en momentos que puedan llegar como los que se vivieron hace unos meses y que después de repetir hasta el agotamiento que hay que tener los pies en el suelo se tire a la piscina de las alegrías sacrificando su credibilidad con total desahogo (seguramente porque ya no le queda nada que sacrificar y de perdío al río) con argumentos tan risibles como “el crecimiento que estamos teniendo”. ¿Pero qué crecimiento, Pepe de mi vida?

Que sostenga un maravilloso horizonte brillante sobre la masa social bética es plausible por muchas razones, entre ellas que ya está bien que se reconozca en el Betis que el club no está a la altura de su gente, pero que después de cualquier paso equilibrado dé por sistema un traspiés es una rémora imposible para su imagen y para su consideración al recordar que detrás de su discurso de concordia y armonía hay una descomunal y alevosa tomadura de pelo. Aunque personalmente me caiga bien.

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Redacción

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