El caso Adriano

Por  12:55 h.

El otro día publicó el compañero Mateo González en el ABC que el Betis estuvo a puntito de fichar el verano pasado al delantero brasileño Adriano y que si no lo hizo fue porque ya tenía cubiertas las plazas para jugadores extracomunitarios. Trató el club en aquellos días de hacerle hueco al ex del Inter buscándole una salida a Babic, pero no fue posible y la cosa se quedó como usted, amigo lector, conoce. Estas cosas pasan y hasta son frecuentes en el fútbol. De hecho muchos de los “tejemanejes” del mercado permanecen para siempre ocultos y seguro que de conocerse todos nos depararían sorpresas mayúsculas.

Habrá quien piense, sin que le falte razón, que a lo que pudo ser y no fue no hay que darle importancia, pero cuando es público y notorio lo que se pudo o lo que se pretendió hacer siempre existe el riesgo de que la gente mire atrás si lo que se hizo finalmente no ofrece a posteriori los frutos deseados. Ejemplo de esto es lo que sucedió en su día cuando Luis Aragonés descartó a varios futbolistas de largo recorrido en este mundo y apostó sin embargo por otros que se terminaron convirtiendo en lastres para el Betis. Pero el caso concreto que ha salido a la luz estos días, el de Adriano, merece una reflexión.

Hablamos de un jugador de una calidad indiscutible pero que en Italia estaba desahuciado por su reiterado mal comportamiento, pues se había convertido en un caso conflictivo de difícil trato, de modo que lo único que resultaba goloso era el nombre del futbolista, y no su rendimiento potencial, que dejaba muchas dudas en el aire. Al final acabó volviendo a Brasil y, como se presumía, allí ya no saben qué hacer con él. En el Betis, sin embargo, se volvieron locos con el ofrecimiento, lo cual quiere decir que no hay suficiente capacidad de análisis en este sentido en la casa bética y, por otro lado, que los fichajes siguen dependiendo de los ofrecimientos que se reciben más que de las necesidades que algún responsable pueda marcar. Y que se buscara una solución urgentemente para hacerle hueco al brasileño y barajando encima la posibilidad de “colocar” a Babic indica falta de seguridad en lo realizado, porque éste acababa de firmar. Finalmente, que después de todo esto y del flojo rendimiento ofrecido por el croata no se le dejara marchar en invierno es aún más extraño.

Cuando se hacen las cosas así es fácil fallar. Hay demasiadas cosas en la política de fichajes del Betis que no se entienden y por eso ésta no infunde confianza. Sólo faltaría que en dos semanas se decidiera ejercer la opción de compra sobre Somoza, algo que aunque parezca increíble aún no se ha desechado. Sería repetir el error cometido anteriormente por partida doble, con Óscar López e Ilic. Toma ya. Y en asuntos tan triviales no es cuestión de tener o no una buena secretaría técnica, sino de aplicar un poquito de sentido común. ¿Tan difícil es?

Redacción

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