El dolor del beticismo

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Mala fue la temporada pasada. Mala y decepcionante. La presente da vergüenza. Hace un año tenía el Betis un punto más que ahora, pero había luchado el equipo bético en varios frentes, se había presentado con decoro en la Champions League y había perdido a un Ricardo Oliveira que era el alma del bloque. Lo de ahora no tiene excusa y es simplemente la consecuencia de una planificación lamentable.

Manuel Ruiz de Lopera responsabilizó a Lorenzo Serra Ferrer de lo que ocurrió el año pasado, cuando todo el mundo supo interpretar que aquello fue un accidente provocado por muchas circunstancias, entre ellas una política de fichajes impropia de un equipo de Liga de Campeones. Serra no fue el culpable de aquello y sí el responsable directo de los éxitos de 1994, 1995, 1996, 1997 y 2005, aunque esto no lo haya reconocido nunca Ruiz de Lopera, que inexplicablemente parece empeñado en prescindir de los entrenadores que lo hacen bien y en mantener todo lo posible a los que no funcionan.

Pero está bien. Supongamos que Serra es el demonio, que el desvarío de la pasada campaña fue culpa suya. Lo de ahora, que es peor, no tiene nada que ver con él. ¿Y quién es el responsable? El Betis pudo rectificar, mejorar su plantilla y poner los cimientos de un proyecto nuevo, pero se ve al borde del abismo a falta de tres jornadas, con 37 míseros puntos sin haber jugado más que Liga y Copa del Rey e incapaz de ganarle en casa a los peores equipos de la categoría, como son el Nástic y la Real Sociedad. No, Serra no era el malo. Diez jornadas lleva sin vencer el equipo de un Luis Fernández que revolucionó la casa con sus modos, pero al que se le fue el gas como a una lata de Coca Cola al cabo de cinco minutos porque como técnico tiene mucho menos que ofrecer que como agitador. Tiene la suerte el Betis de que haciendo una temporada horrible, los hay que las están firmando espantosa. Menos mal. Al beticismo, dolido, sólo le queda esperar que los de abajo mantengan su línea, y ojalá así sea, pero no es esto lo que esta gente merece. Y para no escuchar a la hinchada, para no acceder a la rebaja de los precios de las entradas y para pedirle apoyo, unidad y encima que no proteste, la verdad, hay que tener muy poca vergüenza. En el Betis, qué pena, hay más de un cum laude en cinismo. Y así va la cosa para el enésimo sufrimiento de una afición maltratada.

Redacción

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