Indefinición

Por  20:52 h.

La del final del año es una especie de meta volante en la carrera de la Liga. Da igual llegar a ella el octavo que el duodécimo, en el sentido de que queda más de media competición por delante y la ubicación en la tabla a estas alturas no tiene más importancia que la que se le quiera dar, considerando por supuesto que lo que sí es relevante es andar entre los cinco primeros, entre los aspirantes a pillar un puesto UEFA, en la tierra de nadie de los mediocres, en el grupo de los sospechosos de caer en el descenso o entre los tres últimos.

No hace falta decir que sería mejor que el Betis estuviera un poquito más arriba, aunque fuera solamente por contar con los tres puntos que le arrebató el Athletic en el último partido de este 2008, en cuyo caso las sensaciones en el entorno del equipo bético serían algo mejores ahora mismo aunque realmente la situación en términos absolutos no sería sustancialmente distante ni las aspiraciones o las expectativas darían para una ilusión que hoy no tiene razón de ser. Incluso en el caso de haberle ganado al Bilbao, esto es lo que interesa, el Betis estaría en el grupo de los que pueden llamarse comparsas de la Liga, unos equipos que acompañan a la competición sin ser trascendentes, que ganan y pierden y que sólo serán noticia en algún punto del Campeonato por un acontecimiento excepcional o porque el desenlace de uno de sus partidos pueda afectar a otros.

Esto, desde luego, es mucho mejor que ser candidato objetivo al segundazo. O sea, que se ha mejorado, y mucho, pero según lo que se ha visto en este primer tramo de la competición, y ya han quedado atrás dieciséis jornadas, el Betis sólo ha pasado del negro al gris cuando por un momento pareció que esta temporada podía tener por fin algo de color, algo de vida. La pregunta que uno se hace en este punto es si la afición verdiblanca y los gestores del club -léase en singular- están en la misma onda, es decir, si ambos están satisfechos por este pasito que se ha dado respecto a los años anteriores, que en relación a la última campaña, ojo, es de un punto y no más. ¿Es esto suficiente? ¿Se contenta con esto el beticismo? ¿Está satisfecho Manuel Ruiz de Lopera? ¿Es esto lo que se había preparado para esta campaña?

No es cuestión de hacer críticas gratuitas, pero ya está claro que esta plantilla no es la mejor de la historia del Betis, como se había asegurado hace unos meses. Es más, probablemente no es ni siquiera una de las tres o cuatro más potentes que haya tenido este equipo. Ni mucho menos. ¿Y con esto basta? Por otro lado, es hora de añadir una nueva valoración del trabajo del cuerpo técnico que dirige Paco Chaparro, pues es verdad que aportó mucho para que este año, por fin, se fichara bien, y es cierto que después de un comienzo de Liga complicado que lo hunidó en la tabla, el equipo supo remontar el vuelo, lo cual no es fácil, pero a estas alturas no se puede obviar que la apuesta futbolística es muy estrecha en todos los sentidos, carece de alternativas y tácticamente este equipo no ha dejado ver nada novedoso que sirva para ensalzar la figura de su entrenador. Ya dijo Lotina después de derrotar al conjunto albiverde en Heliópolis que el sistema de Chaparro era sota, caballo y rey y que no le costó mucho montar una contraestrategia para darle a su colega un cómodo jaque mate en el tablero, lo cual no deja de ser una humillación para un técnico y una afirmación alarmante para los seguidores de un equipo.

Aunque también ha jugado mal y ha perdido, el Betis ha ofrecido buenas sensaciones en su campo y fuera de él, ha completado varios partidos interesantes y ha hecho momentos de un fútbol vistoso y sugerente. Ahora bien, queda por saber en qué medida ha influido en lo bueno el talento individual de dos o tres jugadores y cuánto el trabajo colectivo, táctico y estratégico de Chaparro y sus ayudantes. Y queda abierto, por último, el debate sobre esa filosofía del entrenador que descarta a la mitad de la plantilla sin buscar el máximo rendimiento de cualquiera de los futbolistas, un objetivo prioritario de cualquier buen técnico. ¿Hace bien el tranero?

El Betis, en fin, no corre peligro ni aspira a nada. Es la realidad de hoy. Para algunos será señal de mediocridad y para otros será simplemente tranquilidad, pero habrá coincidencia en que es una situación de indefinición en todos

Redacción

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