La hora del sentido común

Por  13:00 h.

Hoy se puede decir que el Betis va a seguir el año que viene en la Primera división. Bien es cierto que las matemáticas todavía dejan una puerta abierta a que una reordenación cósmica ponga de nuevo al equipo bético al borde del abismo, pero después del contundente triunfo en Zaragoza mucho se ha de torcer la Liga, en román paladino como titulaba ABC en la portada del lunes, para que los Chaparro boys vuelvan a padecer temores al batacazo.

Lo primero que hizo el técnico bético tras ganar en La Romareda fue suspender la concentración prevista en Jerez para los días de Feria. Bien hecho. Chaparro demuestra una vez más que sabe tirar de las riendas y soltarlas también, que si es exigente es igualmente comprensivo y agradecido, y esta psicología es fundamental para obtener el mejor resultado de un grupo que se ha venido arriba semana tras semana hasta colocarse, cosa impensable hace unos meses, justo en el medio de la tabla clasificatoria. Hay que respirar y disfrutar también de un momento de paz, de la tranquilidad que ha llegado, por fin, sin perder de vista que el domingo se puede certificar la permanencia porque con una victoria ante el peor equipo de la Liga, el Levante, tendría que sobrevenir una hecatombe para volver a poner la cosa fea en Heliópolis. Y seguro que los futbolistas del equipo bético van a rendir más en esta cita viviendo la Feria con relajación dadas las circunstancias que recluyéndose en un hotel que sólo recuerda momentos de tensión y nervios ya pasados, afortunadamente.

Es hora, por otra parte, de que empiece el ejercicio de recapitulación. Es mucho pedir que en el Betis actual se reconozcan errores y es más probable que desde la cúpula dirigente se aproveche la nueva situación para sacar pecho y decir a los cuatro vientos que la plantilla es muy buena, que la planificación realizada para esta campaña fue excelente y que el equipo ha tenido mala suerte en la primera mitad del Campeonato. Difícilmente alguien más que Manolo Castaño va a reconocer públicamente el mérito de Paco Chaparro y es seguro, a juzgar por sus últimas palabras, que Manuel Ruiz de Lopera no va a cumplir la promesa que hizo a mitad del ejercicio y no venderá sus acciones en cuanto el Betis esté matemáticamente salvado, igual que Pepe León se olvidó de la suya el año pasado. El club está en manos de quien está y que impera la ley del populismo y la demagogia, por no decir algo malsonante, hay que asumirlo, sin que esto signifique, ni mucho menos, que los béticos que quieren un cambio dejen de luchar por él. En cualquier caso, a la afición le toca gritar “nunca más” para que su hartazgo no se olvide y para pedir no ya esfuerzos sobrehumanos, sino un poco de sentido común, pues las carencias y las deficiencias del club y de la primera plantilla, así como sus necesidades, las conoce hasta el que asó la manteca y para mejorar el Betis, en todos los sentidos, no hace falta quedarse sin vacaciones y todo el verano sin dormir. Y mala señal sería que en breve no se hablara con Chaparro y Edu para renovar sus contratos y empezar a poner las bases de un proyecto lógico. Que no hay que pedir mucho más.

Redacción

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