La jaula de oro

Por  12:24 h.

Quedan apenas 48 horas. No hay más tiempo para especular porque mañana por la noche, de una u otra forma, trascenderá la cifra mágica, la que pide Manuel Ruiz de Lopera por vender sus acciones del Betis. Desde que anunció que se las ofrecería a las peñas no se habla de otra cosa en el entorno del club y aunque nadie se ha creído que el jefe vaya de verdad y no de farol, sí al menos servirá su última jugada para saber en cuánto valora él la propiedad de la jaula de oro.

¿Es la única solución para el Betis que Lopera se vaya? Terreno peligroso éste porque no hay una respuesta válida al cien por cien. Es obvio que Ruiz de Lopera no puede más, que por falta de ilusión, de ganas, de dinero o de fe perdió hace ya algún tiempo su credibilidad, y el Betis se ha quedado atrás. Esa filosofía que consiste en preocuparse únicamente de tener un entrenador cotizado y un puñado de jugadores de caché ha servido para alternar buenas y malas temporadas, un descenso y un título, riesgos como el que aún está latente este año y una clasificación para la Liga de Campeones… Pero el Betis se ha quedado atrás y mientras el fútbol ha avanzado hacia la modernidad y la competitividad en muchos campos antes no explorados, la entidad verdiblanca se ha quedado estancada en una manera de funcionar rudimentaria que ya no vale, no sirve, y el problema es que Lopera no tiene el espíritu que hace falta para reemprender la marcha en la dirección correcta. Ahora bien, hay que tener siempre presente que un relevo no tiene que significar un cambio positivo, pues esto depende de la persona o del equipo que se haga cargo del timón de la nave, y hay que saber que al llegar a este punto habrá que cerrar los ojos y saltar al vacío a ver qué pasa.

No es la forma de hacer las cosas, desde luego, denota desesperación y esto es lo triste, que hay muchos béticos que están dispuestos a lo que venga antes que seguir en la dinámica actual. Hay que tomar conciencia, eso sí, de que para que la catarsis funcione tiene que aparecer alguien que pueda pagar lo que vaya a pedir Lopera, y ese alguien, además, ha de ser una persona o una entidad capaz para redirigir los pasos de un club que es muy singular. No parece cosa fácil, pues en el entorno de la sociedad, dentro y fuera, no se vislumbra una figura de confianza, con bolsillo, talante, prestigio, decisión, carisma e inteligencia para apadrinar el cambio real que hace falta, que a simple vista exigirá un esfuerzo tremendo porque habrá que darle la vuelta total a este club, que pide a gritos una filosofía deportiva definida, pero también un impulso a la cantera, una reestructuración interior que afectaría al personal, a las instalaciones, a las relaciones sociales, a la imagen y al criterio empresarial y, por fin, una paciencia infinita para restaurar el orden en las cuentas, ya que la maraña de sociedades que conviven con el Betis impide saber cuál es el estado real de su economía, de su capacidad financiera y de su verdadero patrimonio.

Hablar de relevo, sin embargo, es fantasear porque parece obvio que el último movimiento de Lopera está encaminado a recabar un apoyo público, el de la coordinadora de peñas, que a él le puede valer para defender su continuidad. Pero al menos puede servir para que el beticismo sepa cuánto vale la jaula de oro en la que está prisionero y tome conciencia real de la magnitud de su problema.

Redacción

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