Las palabras de Castaño

Por  16:07 h.

A falta de que lo haga Manuel Ruiz de Lopera, se ha pronunciado sobre la situación del Betis el consejero Manuel Castaño, el primer avalista de Paco Chaparro en el consejo del club, por cuanto ya lo propuso para ocupar el banquillo bético hace un par de veranos, y probablemente el único que le quedaba al trianero en el órgano de gobierno de la entidad en las últimas semanas.

Ha dicho el abogado que cuando los resultados no llegan “no hay ni alma ni piedad” en el fútbol, y no se puede ser más claro. Al mismo tiempo ha solicitado reconocimiento para Chaparro por los méritos contraídos en diferentes momentos y ha admitido que las cosas no han salido como él mismo esperaba, lo cual le honra. Esta opinión no es vinculante porque ya se sabe que el destino del todavía técnico del conjunto verdiblanco depende del pulgar del consejero delegado, pero tiene su valor y demuestra por fin lo que es obvio, y es que en la coyuntura vigente ya no caben movimientos orgullosos ni románticos y que el sentido común apremia hacia un cambio de dirección. Porque es indiscutible que el Betis necesita salir de la dinámica en la que se ha sumergido, que, ahora sí, es muy peligrosa.

Se puede entender, no obstante, que Ruiz de Lopera tenga dudas. No ya sobre la conveniencia de relevar a Paco Chaparro, que servidor puede dar fe de que sobre eso no las tiene, sino por la identidad del sustituto. Según las informaciones que los periodistas podemos recabar, a la secretaría técnica no le convence totalmente ninguna de las alternativas que ha barajado hasta la fecha y siempre termina apuntando a la persona de José María Nogués, entrenador del filial y ex del Écija, y por aquí es comprensible que el movimiento que se antoja necesario se haga esperar. Hay entrenadores en el mercado, sí, y por experiencia y personalidad podrían ser capaces de darle la vuelta a la situación que padece el Betis, pero no obedecen al perfil que se ha dibujado para dirigir un próximo proyecto y siempre exigen un compromiso de continuidad, que es lo malo. Lo que pasa es que llega un momento en que hay que pensar que si no se soluciona el presente es posible que no haya futuro, así que de una forma u otra hay que tomar decisiones. Y el que manda no puede tener miedo a la responsabilidad.

Redacción

Redacción