Revolución

Por  12:51 h.

Es un día el de hoy propicio para escribir con el corazón y no con la cabeza, pero si algo se aprende del fútbol es que no es conveniente dejar que se imponga el sentimiento a la razón cuando de verdad se tiene la intención sana y noble de hacer las cosas bien.

Después de lo mal que se ha trabajado en el Betis en los últimos dos años, a los demás nos toca mantener el nivel en nuestro comportamiento, y me refiero, por supuesto, a los informadores y a los aficionados. Es muy fácil en esta tesitura dejarse llevar por la corriente, pero lo que toca ahora es nadar contra ella para guardar la posición y no perder lo que deportivamente se ha dejado ir el Betis: la dignidad.

Queda una jornada, una posibilidad para salvar la categoría y no tener que vagar el año que viene por el submundo de la Segunda división. Hay que ganar en Santander y por hombría es lo que los jugadores del Betis tienen que intentar con todas las fuerzas que les queden. No sé si serán capaces o no y cada cual puede creer lo que quiera, o presentir a su manera, pero hoy, aun acusando los efectos de la insoportable resaca de un 0-5 ignominioso, hay que decir por enésima vez que el fútbol es mágico porque las alegrías y los disgustos llegan muchas veces por un golpe caprichoso del azar, pero que no es del todo injusto y que de hecho les duele la boca a los profesionales de decir que la Liga es el torneo de la regularidad y que al final del mismo cada cual está donde se merece. Si un equipo está donde el Betis ahora, en fin, no es jamás por casualidad, sino como consecuencia de algo. Por causalidad.

Ese algo lo conocen los béticos. La temporada ha sido un despropósito y tiempo habrá de repasar los detalles cuando todo haya acabado, que de aquí al domingo hay que poner los cinco sentidos en la cita de Santander, pero el beticismo tiene que reflexionar y convertirse de una vez en una sola voz y en una sola cabeza para ejercer el poder del corazón y acabar definitivamente con la dictadura de las acciones y toda la demagogia que la acompaña. El futuro del Real Betis, en el año de su Centenario, está en el aire y sólo tiene dos caminos posibles, que son el que marque quien dice que va a volver el 1 de julio o el que ordene la masa social, que sí que puede decidir uniendo en este caso cabeza y corazón para conseguirlo. La clave se llama revolución y hay muchas formas de llevarla a cabo como una razón inobjetable que la justifica: la libertad del sentimiento.

Redacción

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