Tremenda decepción

Por  14:50 h.

Al final no ha sido lo que prometía. Pareció durante un tiempo, varios años, que Manuel Ruiz de Lopera iba a poner al Real Betis a la altura de las nubes, que le daría un vuelco a la trayectoria histórica de un club hecho de romanticismo y vísceras. Removió sensaciones, ilusiones, sueños y querencias, traspasó puertas que siempre estuvieron cerradas y fabricó un gigante inesperado y muy celebrado que, sin embargo, resultó tener en los pies el barro de las tegasas y encadesas que hoy, resquebrajado, se ha convertido en el sinvivir de todos los béticos.

Porque hoy hay lo que hay, y así lo dice el mismo Ruiz de Lopera, que dejó de ser hace tiempo el líder indiscutible del cien por cien de los que sienten en verde y blanco y con el paso de los días, de las semanas y de los meses se ha convertido incluso en el enemigo de muchos de ellos y posiblemente hasta del propio Betis. Y dejando al margen cualquier juicio (no es una indirecta), hay que decir que si un día se erigió en tótem de todo lo bético el “vicepresidente (con Galera)-consejero delegado-presidente-consejero delegado” fue porque hizo lo que nadie y porque puso lo que nadie. Y ahora es un dirigente más. Como cualquier otro… o peor, por huidizo. Por mil razones que no cabrían aquí, Lopera ya no es el poderoso mandamás del Real Betis Balompié que ponía firmes a los presidentes de los clubes más poderosos, que se batía el cobre en la pugna por los mejores jugadores, que pagaba lo que ningún otro podía… Hoy habla de presupuestos ajustados, de austeridad, de autofinanciación y de límites, de todos los límites del mundo para un Betis que se ha bajado del autobús de los buenos y va por la Liga en el de los otros, y encima sin hablarse casi con nadie.

Quizá es que se ha acomodado en la certeza de que haga lo que haga, el beticismo responderá igual. A lo mejor es que se ha dado cuenta de que no hace falta ofrecer jamón ni caviar porque con las alcatufas y lo que se compra en el todo a cien son siempre 37.000 los socios que pasan por caja. Y así es feliz. Es posible que se sienta más cómodo en el sufrimiento de las tres últimas campañas que peleando por jugar en Europa, que luego hay que pagar más aviones, más hoteles y lo que le diga la UEFA después de visitar el estadio y dictaminar que las instalaciones no son decentes. ¿Es posible?

Manuel Ruiz de Lopera no ha sido al final lo que prometía, se ha quedado en un dirigente más del fútbol español y amenaza con asentar al Betis en la mediocridad… y en el desprestigio, porque además de todo lo anterior, aquellos apuntes de grandeza y gloria del pasado han quedado reducidos a escombros, a carne de cañón para los tribunales de Justicia, a condenas firmes y a sospechas que ya veremos cómo acaban. A vergüenza e incertidumbre. Y a una tremenda y oscura decepción.

Redacción

Redacción