Una estupidez olímpica

Por  20:11 h.

La Federación Española de Fútbol es un ente insondable que funciona de forma arbitraria e interesada y que desde hace muchos años parece un instrumento al servicio de ciertas personas y propósitos más que un organismo aglutinador de esfuerzos y voluntades para el beneficio común de todas las gentes del fútbol.

No es la matriz que necesitaría este deporte de tan hondo calado en la vida de la sociedad española porque su funcionamiento es opaco e inquietante y porque no utiliza el poder que se le confiere satisfactoriamente ni distribuye el presupuesto económico del que se le dota cada año con la transparencia deseable. No se percibe que realmente sirva para ordenar y articular el complejo microcosmos del balompié nacional; para velar con el máximo rigor por la limpieza de las competiciones y por la igualdad de condiciones de todos los que en ellas participan; para favorecer el espectáculo y el deporte en detrimento de la polémica y el escándalo; etcétera, etcétera. Es una entidad ésta que no tiene prestigio ni credibilidad, que no atiende al sentido común y que suele ser noticia por asuntos turbios, por algún que otro despilfarro y por las salidas de pata de banca de su presidente, un hombre sin carisma que no sabe expresarse y que nunca está.Esta Federación lleva años perjudicando de una forma notoria al propio fútbol español. Sus decisiones son incoherentes, desiguales y sobre todo impopulares, pues parece que lo que más le gusta a sus dirigentes es jugar en contra de la voz de la calle, exasperar a la opinión pública e incluso despreciarla. No se conoce en esa casa el sentido del ridículo y a pesar de los fracasos se mantiene siempre la misma posición desafiante. Y el problema es que nadie se encarga de fiscalizar realmente sus actuaciones y sus cuentas. Está al margen de todo, sobre todo de los conceptos justicia y dignidad.Su última tropelía consiste en cerrar el campo del Betis por unos incidentes tan graves y desagradables como los que se registraron anteriormente en el Vicente Calderón, en Mestalla o el Camp Nou, estadios que la Federación de Villar no se atrevió a clausurar. Si se interpreta que los sucesos del pasado 28-F fueron consecuencia directa de la vergonzante polémica protagonizada en los días previos por ciertos dirigentes, sean éstos sancionados con la máxima dureza, pero castigar otra vez a Sevilla, al Betis y al beticismo supone un agravio comparativo que ya ofende. Ahora dice la Federación que los partidos del destierro se podrán jugar en el estadio de La Cartuja, y entonces la injusticia se convierte ya en una estupidez olímpica. ¿Y no hay un poder público que le llame la atención a esta gente?

Redacción

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