Lo primero, la salvación

Por  22:13 h.

Se encuentra el Betis en las horas previas de su partido más importante del año, el que puede y debe significar su salvación casi matemática. El rival, el Nástic de Tarragona, prácticamente descendido y con una tarjeta como visitante –trece derrotas en diecisiete desplazamientos– que no infunde precisamente temor, llega como rival idóneo para que el Betis dé por si solo de una vez, sin la ayuda de fallos ajenos, el golpe en la mesa necesario para acabar con cualquier debate respecto a la permanencia de los verdiblancos en la Primera división.

Son ya nueve los partidos que el equipo de Luis Fernández lleva sin ganar, y aunque esto no ha sido óbice para que el colchón de puntos con respecto a la zona de descenso sea considerable, se hace necesario ya un triunfo para despejar cualquier duda y para que la afición bética encuentre al menos un motivo final de satisfacción en una temporada cuyo carácter aciago sólo se ha visto interrumpido en algún que otro tramo aislado, nunca con la continuidad deseable.

Tiene razón Luis Fernández cuando convoca al beticismo a aparcar sus muchos motivos para la protesta y remar en la misma dirección que el equipo, al menos hasta que una victoria, lograda cuanto antes, permita al club planificar con tiempo y tranquilidad la próxima temporada, si es posible sin repetir la cadena de despropósitos con que arrancó la presente. No tiene tanta razón el técnico verdiblanco cuando conmina a los aficionados más díscolos con la dirección de la entidad a tragarse sus protestas o incluso no acudir al estadio –de nuevo el Ruiz de Lopera, tras el desdichado ciclo de castigo en el Olímpico– en el partido contra el colista. Y si quiere aunar voluntades, eliminar voces discordantes y sumar esfuerzos en el empeño de lograr esos tres puntos, quizá tenía que haberse pensado mejor la exclusión de futbolistas a la hora de concentrar el grupo en Jerez. Dejar fuera a Fernando Vega, Dani, Rivas, Maldonado y Romero, algunos de ellos con un alto grado de compromiso con el equipo, otros no tanto, es una decisión legítima de aquel que maneja la plantilla, el que más conocimientos tiene sobre la misma y el más capacitado para discernir con quiénes se debe contar y con quiénes no, qué grupo se merece trato A y qué otro debe conformarse con el trato B. Pero desde fuera se antoja una discriminación contraproducente y sembradora de inútiles discordias.

Cualquier medida, hasta la más discutible, se dará por buena si el Betis le gana al Nástic. Con esos tres puntos en el bolsillo, se olvidarán las salidas de tono contra el sufrido aficionado, la eliminación de las entradas a precios reducidos, las excentricidades tácticas de Luis Fernández, la falta de un patrón de juego, la inexistencia de un Betis reconocible por su fútbol. Puede que se olvide hasta el sabor amargo de una temporada nefasta. Lo que no se olvidará ni siquiera con la salvación es la descapitalización del equipo, la marcha de sus máximas figuras y la llegada de unos ingresos que nunca se han hecho notar sobre el césped. Lo que no habrá quedado solucionado con la permanencia es el deterioro al que ha llegado la entidad justo cuando se está convirtiendo en centenaria. Son muchas las reformas que con carácter de urgencia hay que emprender en el club, con o sin Lopera, pero lo primero es ganarle al Nástic.

Redacción

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