Romero y unos cuantos más

Por  22:29 h.

El público de los estadios puede ser extremadamente crítico o incluso rozar la crueldad en su forma de tratar a algún futbolista, pero rara vez resultan equivocadas sus sentencias cuando son dictadas de la forma tan masiva, tan cercana a la unanimidad, con que los aficionados del Betis le reprochan a su jugador Romero cada fallo que comete, por mínimo que éste sea. El lateral jerezano, llegado al Betis muy de la mano de Javier Irureta cuando ya había consumido en el Deportivo los mejores años de su carrera, ha debido de sentirse herido en su orgullo profesional después de que se le haya puesto poco menos que imposible salir a jugar los partidos de casa con un mínimo de confianza ante su gente. Y eso, unido a lo poco que tiene que perder en el club dada su más que segura salida, ha hecho que el jugador se atreva a enmendarle la plana a los seguidores de su equipo: «Está claro que yo no puedo fallar. Si los aficionados entienden que así ayudan al Betis, se equivocan. Ellos sabrán lo que hacen», dice Romero con tanta rabia como amargura. Pero lo cierto es que su rendimiento desde que llegó al club, el pasado verano, no da para demasiadas indulgencias por parte de la afición.
Claro que él no es culpable de sus limitaciones físicas, de su escasa aplicación defensiva —siempre lució más en ataque—ni mucho menos de los tacos de almanaque que acumula. Su avalista, Irureta, es quien debería haber respondido en su momento sobre su contratación.
Lo peor de todo es que no se trata de un caso aislado en el Betis de la hora. El club que no preside pero dirige Manuel Ruiz de Lopera vendió caros a sus mejores futbolistas y a cambio fichó barato, cosa que sólo funciona bien cuando la dirección deportiva de un club trabaja con medios, con método, con profesionales, con estructuras. La galopante descapitalización deportiva del Betis no es ya cuestión de entrenador, sino de política de club. Si se quiere que el ya centenario equipo de las trece barras aspire a algo más que mantenerse en Primera y asegurar al club unos buenos ingresos por televisión, se impone un radical cambio de timón y quizá también de timonel.
Con el equipo muy cerca de la salvación matemática, debe iniciarse cuanto antes la planificación de la próxima temporada, debe decidirse qué Betis se quiere construir y no regatear los medios necesarios para conseguirlo. Porque coquetear con la Segunda división sólo puede conducir, si no este año cualquier otro, a caer en ella.

Redacción

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