Un técnico demasiado errático

Por  0:22 h.

A Luis Fernández no se le puede discutir su papel como agente dinamizador de un Betis medio muerto. Al grupo alicaído que a duras penas dirigía Javier Irureta, que iba camino de donde iba, le hacía falta una sacudida y ésta vino con el golpe de timón que supuso la contratación del temperamental técnico de Tarifa.

El que fuera brioso futbolista de la selección francesa se reveló como el antídoto idóneo contra la atonía y el marasmo en que se hallaba sumido un plantel acomodado y con muy escasa capacidad de respuesta ante las adversidades que se le venían acumulando, la mayor parte de ellas en forma de derrotas y pasos hacia abajo en la clasificación. Luis Fernández convenció a sus jugadores de que tenían que ponerse el traje de faena, jugar siempre con la actitud del modesto frente al grande, asegurar en el campo sobre cualquier otra virtud el orden defensivo. Y el Betis, empatito a empatito, con alguna victoria aislada, salió del pozo.


Pero después del tratamiento de urgencia, aplicado con un éxito fuera de toda duda, se hizo necesario un trabajo que fuera más allá, que hiciera del Betis un equipo capaz de ir de vez en cuando a por los partidos, que ofreciera más alternativas en el juego, que sirviera, por ejemplo, para decirle quién es quién a un rival tan desahuciado como la Real Sociedad. Y Luis Fernández no ha sido capaz de desarrollar con éxito lo que hubiera sido la continuación natural de su plan de choque inicial. Cuando decidió «mandar» en el partido del Olímpico frente a los donostiarras, colocó juntos a dos delanteros puramente rematadores, como Robert y Dani, y desprotegió defensivamente el mediocampo. No es fácil encontrarle una explicación razonable, tanto en ese como en otros partidos, a lo errático de sus alineaciones y planteamientos tácticos. Lo mismo hace debutar de golpe en un derbi a dos que acaban de llegar que se carga de un plumazo —no ya de un «once» inicial, sino de una convocatoria— a gente que unos días antes tenía puesto el cartel de titular. Al partido de Montjuic y a la concentración de Jerez que lo precede no han ido ni Doblas, ni Robert, ni Rivas, entre otros descartados, en una medida sobre la que planea la sospecha de una represalia por cierta salida nocturna no precisamente reciente —fue el jueves de la semana pasada— y motivada por una cuestión de relaciones públicas en favor de no sé qué local de Dos Hermanas. Salida en la que, por cierto, y según testimonio de Rivas, los jugadores tenían «permiso de Lopera».
Son decisiones técnicas difíciles de explicar y que revelan en Luis Fernández un modo de conducirse que pone como mínimo en cuestión su capacidad para liderar en el Betis un proyecto a largo plazo. En cuanto salve al equipo, que lo salvará, será el momento de plantearse qué Betis se quiere para la próxima temporada y qué perfil de entrenador se ajusta a esa idea.

Redacción

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