Feria verdiblanca a media asta

Por  18:31 h.

Entre unas fatalidades y otras -Pérez Lima y comités incluidos-, la Feria en la que se conmemora el Centenario del Real Betis se está viviendo por los que sienten los colores verdiblancos como si la bandera que ondea orgullosa en la portada estuviera a media asta. Sólo la gesta de David Meca, bético para la ocasión, dio algo de lustre a las vísperas de esta semana festiva en la capital hispalense. Lo cierto es que anda el aficionado del club de Heliópolis desilusionado y no sólo por ver a su equipo aún metido en la disputa por la permanencia, sino especialmente por tener perdida la esperanza en que la situación varíe sustancialmente a corto y medio plazo.

A nadie se le escapa que las odiosas comparaciones con el eterno rival ahondan la herida, aunque también son legión los que opinan que, sin perder las señas propias, no estaría mal copiar las virtudes que le han dado vitalidad y lozanía al vecino, para salir así de la atonía y mediocridad en la que vive la entidad el año en que está conmemorando sus cien años de existencia. El horizonte no debe quedarse pues en conseguir esos seis o siete puntos que garantizarían seguir en Primera. Hay que empezar a poner las bases de futuro y a plantear alternativas a lo malo conocido, porque difícilmente, vista la gestión de las dos últimas temporadas, podrá ser peor que lo bueno por conocer. Los que discrepan abiertamente del poder establecido en el equipo que juega al final de la Palmera claman por ponerle cara a quien represente ese cambio de imagen, que tan necesario parece en el club de sus amores.
Porque resulta que a este verdiblanco perro flaco no paran de brotarle pulgas y hasta garrapatas. Algunas ya llevan tiempo chupándole la sangre, pero al parecer no hay insecticida ni plaguicida que acabe con ellas, ya que ahí siguen, instaladas cómoda y firmemente y dispuestas a continuar “sine die” su vida parasitaria. Está claro que el amo del can no va a ser el que acabe con ellas, porque está tan acostumbrado a convivir con los dichosos bichitos, que los considera indispensables y como de la casa. Esa de la que se adueñó en el dichoso verano del 92.

Redacción

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