¿Otro año igual?

Por  12:03 h.

Aunque en esta temporada todo apunta a que el Betis alcanzará la orilla de la permanencia sin esperar a la penúltima jornada, como ocurriera un año atrás, lo cierto es que el conjunto heliopolitano está afrontando el emblemático 2007 en medio de una mediocridad impensable dos años atrás, cuando los destellos que dejó la consecución de la Copa del Rey y la clasificación que daba pie a disputar la Liga de Campeones tapaban unos vicios en la gestión que siguen trayendo cola.
En el fútbol de élite, como en toda actividad altamente profesionalizada, es indispensable la delegación de funciones y el rodearse de personas cualificadas y convenientemente remuneradas a las que después poder exigir responsabilidades. Pedir que se produzca esa metamorfosis en una sociedad anónima que se sigue comandando de manera tan unilateral y rudimentaria desde la calle Jabugo es una utopía, pero seguir manteniendo como modo de gestión esa ausencia de estructuras es condenar aún más a la ya pronto centenaria entidad verdiblanca a malvivir en la Primera división y correr el riesgo de seguir teniendo a su afición en vilo con el único objetivo de la permanencia. El “manquepierdismo” (permítaseme el vocablo) difícilmente será la seña de identidad de las nuevas generaciones de béticos, pues éstas se habituaron al “jamón de pata negra” de los últimos años de bonanza deportiva. El haber disfrutado no hace mucho viendo como su equipo peleaba con algo más que dignidad en las zonas altas de la tabla y con espectáculo que ofrecían jugadores de la calidad de Alfonso, Jarni, Vidakovic, Finidi, o los más recientes, Oliveira o Joaquín, acarrea esas herencias. Buena parte de los seguidores más veteranos, aunque disconformes con la marcha actual del club, parecen cansados de solicitar un cambio de timón que nunca llega, mientras que entre los más jóvenes lo que peor se asume son las diferencias que se aprecian entre los dos clubes de la ciudad.
Y en medio de esta situación, el voluntarismo encomiable de los rectores del Centenario bético ha logrado que su profusión de actos solapen en parte esa sensación de aburrimiento y hastío que provoca la mayoría de la veces ver jugar a la limitada tropa que ahora dirige Luis Fernández, con resultados aceptables, y que antes comandó el depreciado Javier Irureta. Arropar al equipo para salir de los puestos de descenso también contribuyó a que las críticas se dejasen a un lado, pero una vez divisada la meta de la salvación es la hora de plantearse el futuro de la entidad con una mayor perspectiva. No sólo urge planificar la próxima temporada, empezando por decidir si debe ser el actual entrenador el que encabece el proyecto. También hace falta saber, entre otras cosas, si debe ser un presidente con más autonomía que el actual el que represente al club cuando se sople la tarta de los cien años al inicio de la próxima campaña.

Redacción

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