Aquellos puntos que se llevó la Real

Por  20:48 h.

Jornadas decisivas hay una o dos a lo sumo, aquéllas en las que la suerte de los resultados es definitiva porque ya no hay tiempo para rectificar. Pero hacer una retrospectiva en el calendario casi siempre conlleva reparar en alguna fecha significativa, efectuar una vuelta al pasado para lamentarse por no poder alterar un eslabón de la cadena de acontecimientos y regresar a un futuro más tranquilizador.

Tampoco es cuestión de cambiar las reglas del juego y hacer ciencia ficción con lo que podría haber sido y no fue. Claro, no vale recordar que en tal partido se perdieron tantos puntos por alguna jugada fatídica o por intermediación de un colegiado desafortunado o simplemente incompetente, ya que entonces un refinado sentido de la nemotecnia se vuelve disposición a la memoria selectiva. No resulta un cálculo real cuando se intenta rediseñar a medida el presente, cuando se invoca una liga a la carta, ésa a la que todavía se agarra algún club, desfavorables errores arbitrales en mano.

Pero permítasele el privilegio al Betis, dado que todo quedará en el terreno de la especulación, del ejercicio gratuito. Permítasele obviar los dos puntos rescatados “in extremis” en los recientes encuentros contra Barcelona y Nástic. Permítasele retroceder un poco más en el túnel del tiempo hasta despertar en el pasado 14 de abril. Aquel día en el estadio de La Cartuja, el Betis se dio de bruces con una derrota cuyas consecuencias aún no pueden calibrarse con exactitud, tamaña fatalidad pueden llegar a revestir para los intereses verdiblancos. La Real Sociedad, moribunda y en posición de espera para recibir la puntilla, se apoderó de tres puntos que ahora todo bético teme sea causa de crujir de dientes. Porque un empate, ese signo del que el Betis es virtual campeón de la categoría, habría sido formidable. Basta hacer la cuenta: el Betis tendría ahora 38 puntos, siete más que la Real, que en lugar de los 33 que luce se habría quedado en 31, y ocho más que los 30 del Celta. Quedan nueve en disputa y momentáneamente la diferencia de goles particular sonreiría a los de Luis Fernández.

Hace seis jornadas (cuando antes de enfrentarse, a Betis y Real les separaban doce puntos, ocho más que en este momento), el traspié se acogió como una bola de partido perdida de unas cuantas que a los de Heliópolis se les brindaban para echarle el lazo a la permanencia. Sólo ahora los perfiles del drama adquieren nitidez. El Betis resucitó a un muerto y su propia incapacidad lo ha acercado al hoyo. ¿Alguien sabe cómo se mata a un zombi?

Redacción

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