Bendita mediocridad

Por  20:52 h.

Una crónica de la jornada dominical califica de insípido el papel en la Liga de un Betis que, si se confirma la tendencia, ni pinchará ni cortará en el banquete del campeonato nacional, castigado al insulso cuchareo de sobre y lata. Van camino los de Luis Fernández de atar el objetivo de la permanencia sin los sobresaltos de hace un año con Lorenzo Serra Ferrer, cuando sólo sobró la última jornada, y a este camino la invasión de campo que coronó la salvación el día de aquella victoria contra el Mallorca podría sufrir una rebaja de la cuota del gamberrismo en beneficio de una sincera explosión de júbilo. Y debería.Debería porque el Betis de hoy es un Levante cualquiera, un vulgar equipo del vagón de los que deben darse con un canto en los dientes a poco que la amenaza del descenso quede mitigada con algunas fechas del calendario por delante, a poco que se esquive la zozobra más mal que bien y pueda terminar hablándose del segundazo en tercera persona. Prioritario salvar el cuello, que Dios dispondrá para alivio de los menesterosos. Y la Segunda división, ni en pintura, por muy cruda que sea la crítica situación deportiva y pese a que tanto flirteo con la tragedia suela desembocar en el abrazo fatal del desenlace más funesto.
La Real Sociedad, aviso para navegantes, prepara las maletas para el infierno después de unos años jugando a la ruleta rusa. Para que no toque bala, la receta lleva decenios transmitiéndose de generación en generación: invertir en hacer un equipo con aspiraciones, pues, ya se sabe, una temporada torcida condena al descenso al proyecto que se detiene en la permanencia y sólo envuelve de mediocridad el fracaso de los ambiciosos. Del mismo modo que ir a por la victoria suele tener el mal menor del empate, planificar con un objetivo elevado muestra el envés de una caída amortiguada por la malla de la máxima aspiración posible.
Inversión y rendimiento bastan como parámetros de medición de los niveles en que Ruiz de Lopera ha decidido que el equipo se mueva en estos tiempos de desprecio a una historia y a una afición centenarias. Lejos de ilusionar, se ha deambulado hacia la austeridad y el desdén a su contrapartida de un trabajo de campo en materia de fichajes que hoy por hoy en el Betis sufre de esclerosis. A la vista están los resultados, avisos de que el camino no siempre tiene por qué enderezarse, de que algún día el mensaje de la mera salvación se hará crónico y calará en la masa social. Y ésta, al margen de su impenitente entrega, empezará a contentarse con un “statu quo” que la libere del yugo del sufrimiento del puntito a puntito con dosis semanales de oraciones a la divinidad por que el listón de exigencia que separa a los que siguen en Primera de los que no, siga estando al alcance de un saltito. Con este panorama, la apacible marcha de los mediocres despierta hasta insana envidia. Mejor insípido que corrompido de podredumbre hasta los tuétanos.

Redacción

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