De favores y perjuicios arbitrales

Por  22:02 h.

Uno repasa en su modesto archivo la relación de favores y perjuicios arbitrales que esta temporada han tenido como destinatario al Betis (de los remitentes, mejor ni hablar) y cuando llega el momento de hacer balance, concluye que, como reza el tópico, errores en propio beneficio y flagrantes robos arbitrales se neutralizan según esa ley de compensaciones que con estricta observancia se cumple en todos los órdenes (inclúyase también la fortuna) de una competición que por algo llaman de la regularidad.El campeonato sitúa a cada equipo donde se merece en aplicación de una suerte de justicia invisible que no entiende de rachas favorables o adversas. De nada vale quejarse de una sucesión de contrariedades del azar o de buen fútbol sin su lógica correspondencia, si el transcurso de la temporada, indefectiblemente, deparará, si no lo ha hecho ya, una dosis extra de rédito inmerecido. Es el “quid pro quo” que la competición impone como requisito de participación. Lo comido por lo servido.
Así, con sujeción a esta regla de nulo rigor científico pero consecuencia de la experiencia directa repetida una y otra vez, sucede con los arbitrajes. Esta campaña el Betis ha sufrido en sus carnes la incompetencia de los trencillas, pero alzar la voz, reacción humana y de natural rebelión ante injusticias como la del domingo en Montjuic, es una invitación a la discrepancia. Porque a día de hoy, y si no fuera así faltarían siete jornadas para el reequilibrio, el Betis ha sido tan maltratado como agasajado por el colectivo presidido por Sánchez Arminio.
A ver, cuenten. Uno, Sevilla-Betis (3-2), gol encajado en fuera de juego y penalti a favor no pitado por inexistente falta previa; dos, Betis-Real Madrid (0-1), pena máxima no decretada; tres, Betis-Deportivo (1-1), expulsión injusta de un jugador; cuatro, Betis-Recreativo (0-0), penalti no señalado; y cinco, el Español-Betis del domingo (2-2). A favor. Uno, Betis-Recre de Copa (2-0), penalti dudoso, expulsión inmerecida de un contrario y repetición de una pena máxima al rival, que finalmente falla; dos, Nástic-Betis (0-1), máximo castigo discutible; tres, Betis-Valencia (2-1), gol en fuera de juego posicional; cuatro, Betis-Sevilla (0-0), penalti inexistente; y cinco, Betis-Villarreal (3-3), tanto definitivo marcado con ayuda de la mano. Lo dicho, recibir regalos es la antesala del atraco y éste autoriza a esperar la reparación, que, no lo duden, siempre acude a restablecer una misteriosa y feliz equidad. ¿Deciden entonces tanto los árbitros?

Redacción

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