¿La mejor defensa el ataque?

Por  17:26 h.

Hace tiempo que quedaron al descubierto las mentiras del fútbol, aunque haya entrenadores que sigan ninguneando la salud mental del aficionado de callos y piel cuarteada. Quien, permeable a la estafa, se haya instalado en un feliz mundo de credulidad quizá no perciba en su ingenuidad que muchas veces le dan gato por liebre. Y el fenómeno se retroalimenta con la innegable aportación de los que pican; el problema es creerse lo que viene envuelto en un indisimulable tufo de campaña de publicidad de burras. Pero si se lo creen…

Nadie discute que Luis Fernández ha resucitado a un Betis cadáver y que punto a punto ha sudado la relativamente cómoda situación clasificatoria que define el presente deportivo bético. Sin analizar los grises que tiene el paso del negro negrísimo de la “era Irureta” al blanco celestial que ciega en la radiante hora de san Luis, pocos argumentos contrarrestan la impresión de que Fernández era el entrenador idóneo para reconducir un estado de emergencia deportiva que amenazaba con ruina institucional. El trabajo es bueno en términos estrictamente cuantitativos, pero esto debería ser suficiente al hacer balance, pues lo bien hecho habla por sí solo y cuando hace falta adornarlo con palabrería, aflora la evidencia de que se podía haber hecho más. Si el esplendor sobra tanto que se derrama, ¿por qué no basta la hierba para reflejarlo?

La reacción del equipo se ha fundamentado en una solidez defensiva encomiable: rentable en vista del mínimo exigible para moverse aseadamente por Primera división e irrenunciable cuando una radiografía de la plantilla escupe a la cara gravísimas deficiencias de calidad, que por estar asociadas al factor que decanta el éxito hacia el campeón o la miseria para el perdedor, se concentran en el ataque. ¿No empieza a ser sospechoso que Luis Fernández haya ganado cuatro partidos planteados con un patrón ultradefensivo y haya dejado de hacerlo cuando ha liberado al centro del campo y los laterales de la espartana disciplina que definía el cometido de cada uno de ellos? Por eso chirría una frase pensada y construida para engatusar. “La mejor defensa es el ataque”. ¿Perdone? El problema es que hay quien se lo cree…

El Betis no sabe jugar a atacar y, aunque haber recibido el primer gol con las manecillas del reloj aún frías mediatiza todo análisis, los dos últimos encuentros de Liga (Mallorca y Villarreal) avalan el aserto. Hacer una filosofía de la necesidad de remontar casi desde la caseta un marcador adverso por pura desaplicación y desconcentración defensiva (hasta las máquinas más sofisticadas fallan), sólo se entiende desde la postura ventajista de quien, es cierto, ya apuesta por alineaciones en las que el riesgo juega a la piola con las cautelas, pero sin que el reequilibrio de fuerzas haya reportado ganancias de mínimo peso. La realidad llega deformada, como desde un espejo cóncavo, en los tres goles al Villarreal y la decisiva participación en ellos de los amigos Viera, Josemi, Fuentes y Cygan; para comprobar un reflejo fidedigno, sólo hay que retrotraerse al espanto del Ono Estadi. ¿Qué ha sido de aquello de explotar las virtudes y parchear los defectos? ¿Y de reconocer los errores y no tratar al aficionado como un a bobo? El problema es que quien decide se lo crea…

Redacción

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