La pelotita como causa

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La retórica nació más de dos milenios antes que Ruiz de Lopera. Y en el arte de convencer con figuras y argumentaciones de muy dudosa fiabilidad y de discutible veracidad ya se recurría al sofisma, a la falacia. En este monumento a la mentira, tanto valía partir de premisas falsas para concluir una verdad acogida como irrefutable, que alterar la causa y el efecto para demostrar, si era preciso, una suerte de intercesión astral. Todo con tal de exculparse.

Clase elemental. ¿Que la pelotita no entre en la portería es causa o es efecto? Depende. Evidentemente es motivo de descontento entre quienes quieren que el Betis gane porque profesan el credo verdiblanco. Y también es el porqué último de una serie de resultados adversos que desembocan en una precaria situación deportiva. Pero cuando la premisa se plantea en relación con una quiebra social, cuando antes de que entrara en escena esa pelotita que esgrime Lopera como la razón de su martirio se dieron tales bandazos como los que ahora se mimetizan en un balón sin norte, no cabe arrogarse condición de desvalido como consecuencia de caprichosos vericuetos que supuestamente traza el azar. En este caso, no ganar partidos será más bien el efecto de hacer las cosas mal. ¿Quién sino un prestidigitador de la palabra sería capaz de hacer creer que el clima de inestabilidad que transpira cada poro de la entidad es consecuencia de los avatares de una pelotita que nunca atiende a patrones de conducta tan veleidosos?

Al máximo accionista la descarada excusa sí le declara inocente en un juicio a la inversa: Lopera puede argüir, y lo hace, que el Betis funcionaba de manera idéntica en la temporada 2004-2005, pero, como la pelotita se portó (y de qué manera, con la Copa y la clasificación para la Liga de Campeones), el bético pudo bañarse en éxito; aunque asumir esta línea de argumentación presuponga entronizar al azar como factor determinante en el devenir de un club. Ya puestos a ser falaces, se podría concluir que en 2005 fue una moneda al aire la que decantó la gloria. Flor de un día en medio de un jardín permanentemente desatendido. Para la próxima vez, mejor comprar más papeletas en la rifa de una planificación rigurosa para no depender tanto de la azarosa pelotita. E irse con la retórica a otra parte.

Redacción

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