Reciba críticas y no deje entrar

Por  23:59 h.

Si algo bueno tiene el permanente estado de crisis que anida en la casa verdiblanca, es que se demuestra la salud de hierro de que goza una hinchada que a estas alturas debería haber desertado. A dos chequeos se le ha sometido esta temporada (los partidos del destierro en La Cartuja ante Villarreal y Real Sociedad) y en otras tantas ocasiones el médico le ha dicho que no tenía que haberse tomado la molestia de pasar por pruebas que más parecen rutinarias que de verdadera detección de un mal que a día de hoy no campa por sus entrañas.

Quince años de loperismo dan para mucho, para, entre otras cosas, comprobar que la afición es el mejor activo de un club sistemáticamente empeñado en que su incompetencia redunde en elevación a los altares para esta feligresía tan fiel como entregada en actitud que a veces apenas dista del masoquismo. Hace meses que la hinchada bética ya no traga con tanta superchería, pero es capaz de obviar la ignominia por su compromiso con la defensa de unos colores y el orgullo que le embarga por creerse una casta de escogidos que simplemente tienen el privilegio de ser del Betis, un sentimiento que para algunos trasciende hasta lazos en los que el fútbol nunca se habría atrevido a interferir.

El domingo en el estadio de La Cartuja, el Getafe no jugará ante más de cincuenta mil espectadores como semanas atrás habían hecho Villarreal y Real Sociedad. Como mucho se superarán los cuarenta mil porque al parecer los abonados, especie que proteger, deciden el rumbo de la política de precios para los partidos del Betis, y así Manuel Ruiz de Lopera no tendrá más remedio que perderse a través de la televisión los cánticos de “los que van con entradas regaladas” (el propio Lopera dixit). Democrática medida ésa: tapar la boca a quien incordia demasiado con soniquetes molestos. Elevar los precios para que cuando vuelva a escucharse el “Lopera, vete ya”, a poco que el encuentro se tuerza, el mandamás tire de cinismo para acusar a los notables de haber incrementado el presupuesto de sus actividades para llegar a pagar entradas a su valor ordinario. Y eso si es que el comentario de las entradas regaladas no se ciñó realmente a un conducto para echarles en cara a los aficionados que fueron a ver la derrota con una paupérrima Real Sociedad, que sólo acuden a apoyar al Betis cuando es barato. Por dios, con la falta que hace recabar ayuda, por insignificante que sea, para salvar el cuello en tan indignante campaña.

Las medidas populares siempre gustan de adoptarse cuando el resultado es la más caudillesca adulación. Si la plebe se vuelve en contra, mejor ni dejarla entrar.

Redacción

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