Miguel Torrecilla y Ángel Haro (foto: Juan José Úbeda)
Miguel Torrecilla y Ángel Haro (foto: Juan José Úbeda)

Saber vender

Después de muchos años de sufrimento y penurias, el Betis está donde soñaba: en condiciones de dar un cierto pelotazo
Por  13:02 h.

Por primera vez en muchos tiempo, el Betis ha conseguido colocar futbolistas en el escaparate del fútbol. En el escaparate de la calle principal, quiero decir, donde compran los equipos grandes y se empieza a negociar a partir de los quince millones de euros. Desde 2006, cuando Lopera se dedicó a hacer caja y desguazó el equipo que ganó la Copa del Rey, no ha habido béticos en las agendas de los grandes equipos europeos. Entonces el club sacó 25 millones por Joaquín y 17,6 por Oliveira, un dinero que no se sabe dónde acabó. Desde luego no se utilizó para reforzar al Betis convenientemente. En la azarosa vida del club desde entonces sólo destacan las ventas de Beñat y de Ndiaye, aunque ambas en un escalón inferior, por debajo de los diez millones de euros. Del resto, mejor ni recordarlo: decenas de futbolistas que transitaron sin pena ni gloria y que fueron colocados de cualquier manera en el mercadillo de cambalaches de cada temporada.

Este año el Betis no está haciendo una gran temporada, pero paradójicamente tiene tres futbolistas que han destacado muy por encima de los resultados del equipo. Durmisi, por ahora el mayor éxito de Torrecilla, suena para el Liverpool, que se plantea aflojar los veinte millones de euros de su cláusula para sustituir a Alberto Moreno. Por Pezzella, al que trajo con buen criterio Eduardo Macià, empiezan a circular rumores fiables -se ha interesado el Milan- y si Bauza lo convoca para la selección -la coyuntura es buena por las lesiones de centrales titulares de la albiceleste- su caché subirá inevitablemente. Y Ceballos, producto de la cantera, tiene scouters de media Europa analizando cada partido que juega.

Después de muchos años de sufrimiento y penurias, el Betis está donde soñaba: en condiciones de dar un cierto pelotazo. En el principio del camino para crecer de verdad. El problema es que vender bien es casi tan difícil como comprar, hay que intuir el punto de crecimiento del futbolista idóneo para activar su venta y saber negociar con el comprador.  Al Betis no debe templarle el pulso a la hora de desprenderse de sus incipientes figuras, siempre que vender signifique crecer. Invertir el dinero en jugadores prometedores que crezcan en Heliópolis y puedan ser vendidos una vez revalorizados. Para transitar por ese camino se necesita paciencia y confianza en los gestores, y sobra canibalismo y crítica sistemática. Al Betis puede haberle llegado el momento de crecer, el momento que tuvo en 2005 y malgastó penosamente.

Manuel Contreras

Manuel Contreras