Julio Velázquez muestra su enfado en el partido contra el Alavés (Foto: J. J. Ubeda)
Julio Velázquez muestra su enfado en el partido contra el Alavés (Foto: J. J. Ubeda)

El banquillo de los fracasados

En la última década ningún entrenador ha dejado el Betis para ir a un club de mayor categoría
Por  13:19 h.

Cada año se debate mucho en el beticismo sobre el (generalmente) escaso tino en los fichajes de jugadores, pero no se habla demasiado de las reiteradas pifias en el banquillo. Ojalá Gustavo Poyet remonte y nos tape la boca a los que hemos dejado de confiar en él, pero la apuesta para el banquillo de esta temporada pinta a nueva decepción. Se trataría de un escalón más en la cadena de fustraciones de los entrenadores béticos: en la última década ningún míster verdiblanco ha abandonado el banquillo para ir a un club de mayor categoría, como por ejemplo ocurrió con Serra en el 97. Es decir, que en ningún caso, y son doce entrenadores, el trabajo en el Betis les ha servido para revalorizarse profesionalmente. De hecho, basta repasar el historial para darse cuenta de que la nómina de entrenadores es una lista de fracasados.

Repasemos con datos en la mano: a Serra le sustituyó Javier Irureta, un entrenador sobradamente experimentado y con historial. Tras su triste paso por el Betis sólo volvió a entrenar al Zaragoza, donde estuvo de enero a marzo y le echaron tras cuatro derrotas consecutivas. Tras Irureta llegó Luis Fernández, otro técnico de cierto prestigio y con recorrido por delante, pero tras pasar por el banquillo del Villamarín sólo volvió a entrenar al Stade de Reims, que bajó a Segunda, y a las prestigiosas selecciones de Israel y Guinea. Fernández dio paso a Héctor Cúper, otro técnico de prestigo que había triunfado con el Valencia y venía del Inter, y que cosechó otro sonoro fracaso en La Palmera. Tras el Betis su carrera fue un fiasco: entrenó al Parma, al que descendió, a la selección de Georgia, al Aris Tesalónica, al Rácing de Santander, a los turcos del Orduspor, al Al Wasl y a la selección de Egipto. Le sucedió Paco Chaparro, cuyo historial se quedó en el Betis. Luego llegó José María Nogués, cuyo trabajo en el Betis solo le sirvió para ser técnico de El Ejido. Vino Tapia, avalado por un buen trabajo en el Málaga, y tras el Betis solo volvió a entrenar al Tenerife y sólo durante once jornadas. Luego fue el turno de Víctor Fernández, otra apuesta de prestigio, pero en el Villamarín prácticamente dilapidó su prestigio, ya que después sólo entrenaría al KAA Gent y a una tumultuosa y corta etapa en el Dépor. Vino entonces Pepe Mel, quien tuvo dos temporadas buenas pero que actualmente sigue en el paro tras ser cesado por segunda vez en el Betis. Tras Mel se apostó por Juan Carlos Garrido, quien tras su estapa bética se fue a entrenar al recóndito Al-Ahly. Le sucedió Gabriel Humberto Calderón, quien buscaba reorientar su carrera hacia Europa pero tras su paso por el Betis tuvo que conformarse con fichar por el Al Wasl de Dubai. Para la temporada 2014-2015 se buscó un técnico joven y ambicioso, Julio Velázquez, con mucho margen de crecimiento. Velázquez fracaso y tuvo que marchar a una liga menor omo la portuguesa, donde entrenó al Os Beleneses antres de fichar por el Alcorcón. Y, tras el regreso de Mel, fue el turno de Merino, quien sigue sin equipo.

¿Cómo es posible que ningún entrenador se haya revalorizado en el Betis durante la última década? ¿Eran todos malos o es que hay otra serie de problemas estructurales y perennes?

Manuel Contreras

Manuel Contreras