Los jugadores del Atlético celebran uno de sus goles ante el Betis
Los jugadores del Atlético celebran uno de sus goles ante el Betis

Betis: la depre

El bucle depresivo del equipo puede llevarle a ahogarse en la misma orilla, como ocurrió con el descenso del Valladolid
Por  17:22 h.

El Betis está depre. Otra vez. Justo cuando estaba resolviendo sus problemas clasificatorios y comenzaba a mirar hacia arriba, a plantearse retos más ambiciosos, el equipo ha cogido otra depresión. Sostienen los psicólogos que no es infrecuente que tras la resolución de problemas graves se presenten, paradójicamente, patologías depresivas. Eso es lo que parece haber ocurrido en el Real Betis: ha sido marcar distancia con el temido descenso y abandonarse en una melancolía triste e inhibidora. El problema es que la amenaza del segundazo dista mucho de estar definitivamente descartada, y el bucle depresivo del equipo puede llevarle a ahogarse en la misma orilla, como ocurrió con el descenso del Valladolid.

Lo que está claro es que lo del Betis es una depresión de primer orden. Tiene todos los síntomas: desaparición o disminución del interés por el trabajo, fatiga o pérdida de energía, sentimiento permanente de inutilidad, disminución de la capacidad para pensar o concentrarse, pulsión autodestructiva, lentitud en las funciones motoras, pérdida de la autoestima, aparición de reproches constantes y desproporcionados… el único factor que se nos escapa a los aficionados es la pérdida del apetito sexual, que para eso habría que preguntar a las WAGS verdiblancas. Parece que al menos Van der Vart, a tenor de las fotos que circulan por la red, permanece inmune a esta sintomatología.

Merino tiene que hacer ahora más de psicólogo que de entrenador para que este equipo salga de su depresión y levante cabeza. Encontrar estímulos para que este grupo de futbolistas vuelva a ilusionarse y confiar en sus posibilidades, retornando a la dinámica que le permitió encadenar muchas jornadas sin perder ante clubes como el Real Madrid o el Villarreal. Más nos vale que dé con la tecla en las próximas jornadas, porque el fantasma del desastre sigue por los pasillos del Villamarín. Y una vuelta a los infiernos de la Segunda División sí que sería para terminar todos en el Psiquiátrico.

Manuel Contreras

Manuel Contreras