Fidel Castro, con una camiseta del Betis, tras entrevistarse con Manuel Chaves en Cuba en 1997 (Foto: EFE)
Fidel Castro, con una camiseta del Betis, tras entrevistarse con Manuel Chaves en Cuba en 1997 (Foto: EFE)

Comandante en jefe

Alimentó de forma bochornosa el culto a su figura, buscando el aplauso fácil y la adulación permanente
Por  9:56 h.

Fue el gran comandante en jefe. Aclamado por unos y odiado por otros, lo cierto es que la perspectiva histórica permite afirmar que objetivamente su gestión fue un desastre: empobreció a su gente y menospreció las libertades más elementales. Dilapidó a la oposición y adoptó decisiones caprichosas que hicieron daño a muchos. Alimentó de forma bochornosa el culto a su figura, buscando el aplauso fácil y la adulación permanente. Populachero, fue imitado en sus ademanes hasta la saciedad: ¿Quién no ha entonado alguna vez su singular forma de hablar para reproducir alguna de sus alocuciones célebres? Aunque hay que reconocerle carisma y una cierta brillantez, sobre todo a la hora de formular frases que se han pasado a los anales, su forma de dirigir era despótica e intimidante.

Llegó al poder por sorpresa, en una maniobra arriesgada en el momento inesperado, y se atornilló al sillón presidencial haciendo una quimera de cualquier opción sucesoria. Tras años de gestión personalista, optó por dar un paso atrás y colocar a un títere en su puesto. Y ahora llega el juicio final para el gran comandante, el viejo dinosaurio cuya palabra era ley. ¿Cómo? ¿Fidel Castro? ¿Fidel Castro ha muerto? Yo me refería al juicio de Lopera, cuyo primer fallo, el de la venta del paquete de acciones a Luis Oliver, se conocerá en unos días. Los tribunales resolverán en el carrusel de juicios que vienen en los próximos meses el nudo gordiano del embrollo societario del Betis pero, más allá de sentencias judiciales, a Lopera -como a Fidel- la Historia tampoco lo absolverá.

Manuel Contreras

Manuel Contreras