Poyet da instrucciones a Felipe Gutiérrez en el partido ante el Espanyol (Foto: Raúl Doblado)
Poyet da instrucciones a Felipe Gutiérrez en el partido ante el Espanyol (Foto: Raúl Doblado)

Desconectados

Ceballos, Fabián, Rubén Castro… Poyet se está revelando como un chafador de ilusiones, justo lo contrario de lo que se presumía
Por  12:53 h.

Más allá de la pobreza de su fútbol, el Betis de Poyet tiene un problema añadido, y es la progresiva desconexión mental de sus jugadores. La motivación y la intensidad que la plantilla demostró en el Sánchez Pizjuán o en el partido del Málaga ha dado paso a una dinámica escéptica en la que nadie parece estar comprometido con el proyecto. Los jugadores se van desconectando poco a poco y el entrenador parece hacer más por alejarlos de la dinámica positiva que por integrarlos:

Ceballos se desactivó hace tiempo, Rubén Castro se ha aburrido, hasta Joaquín se va apagando. Con los referentes del equipo en un preocupante bucle depresivo, no es fácil que los nuevos se entonen y menos aún que cojan las riendas del proyecto. Lo mismo se puede decir de los jóvenes emergentes; el clima de desconfianza generalizado y la temprana denostación de Fabián acogotan a jugadores como Alex Martínez o Rafa Navarro, que parecen salir al campo asustados.

A Poyet le reprocho esta mala gestión del colectivo antes que la mediocridad del fútbol que desempeña el equipo. El míster es joven, ha sido futbolista y debería manejar a la perfección las claves para estimular a los jugadores. Pero está ocurriendo lo contrario, los jugadores se van desconectando uno tras otro y cada vez son más los que parecen haber tirado la toalla del compromiso. Ceballos, Fabián, Rubén Castro… Poyet se está revelando como un chafador de ilusiones, justo lo contrario de lo que se presumía. O da pronto con la tecla para que la orquesta empiece a sonar acompasada, o en poco tiempo se va a ver sólo con la batuta y sin músicos sobre el escenario.

Manuel Contreras

Manuel Contreras