Gustavo Poyet golpea el balón durante un entrenamiento (Foto: J. J. Úbeda)
Gustavo Poyet golpea el balón durante un entrenamiento (Foto: J. J. Úbeda)
El balance es, cuanto menos, aceptable

Gustavo el antipático

A Poyet no se le trajo por dicharachero ni para que el Betis se colocase a la quinta jornada en Champions, sino para que vaya forjando un equipo sólido que pueda hacer crecer a la entidad a medio plazo
Por  12:47 h.

No es normal que un equipo gane fuera y sus aficionados se movilicen en las redes sociales para echar al entrenador. Tras la victoria del Betis en El Sadar, el hashtag #Poyetveteya fue trending topic en Twiter. El tiempo dirá si el uruguayo es el entrenador que necesita el Betis o no, pero es innegable que esta movilización crítica tras una victoria es cuando menos insólita. El Betis no jugó en Pamplona como el Barça de Cruyff, pero tuvo siete ocasiones de gol y fue justo vencedor. ¿Qué está pasando para que los ánimos estén -otra vez- tan encrespados en este bendito club?

A Gustavo Poyet hay que valorarlo con frialdad. En una liga tremendamente igualada, en la que al menos doce equipos van a estar muy parejos, el Betis anda por la zona media de la clasificación tras jugar con Real Madrid, Barcelona, Sevilla y Valencia, clubes que triplican o cuadriplican el presupuesto verdiblanco. Es cierto que su juego no ha enamorado, pero en este arranque de temporada ningún equipo ha fascinado, ni siquiera un Real Madrid, en el que Cristiano Ronaldo cobra más que el equipo titular del Betis. Entrando en detalle, Poyet ha hecho dos ridículos espantosos, ante los dos equipos grandes, lo que habla sin duda de su torpeza para afrontar este tipo de partidos. Aparte de estas goleadas, el Betis nunca ha ganado o perdido por más de un gol, lo que denota igualdad con los rivales y nivel competitivo. Fuera de casa, tras el waterloo en el Camp Nou, se peleó con dignidad en Valencia, el Sánchez Pizjuán y Pamplona, y se jugó muy mal en San Sebastián. En el Villamarín, omitiendo asimismo el desastre ante el Madrid, mereció ganar al Dépor y al Granada y fue bravo ante el Málaga. El balance es cuando menos aceptable. Es cierto que los resultados son mejores que las sensaciones, pero los once puntos de Poyet no merecen este repudio tan temprano e iracundo.

¿Hay problemas más allá de estos resultados, objetivamente aceptables? Sin duda. El bucle destructivo en el que anda sumido el Betis desde hace años ha atrapado a Poyet, que no ha hecho demasiado por eludir esta circunstancia. Digámoslo claramente: Poyet no ha caido bien a la grada, que lo ve como alguien receloso. A una militancia acostumbrada a técnicos que le regalan el oido diciendo que la afición del Betis es la mejor del mundo, el tono áspero y desabrido de Poyet le resulta chocante. El técnico uruguayo no es de los que se andan con rodeos, y dice sin pudor que le molestan los pitos en el Villamarín; otro entrenador con más tacto probablemente tiraría de guión para señalar que el aficionado siempre tiene razón.

Tengo mis dudas de que Poyet sea el entrenador que necesita el Betis, pero en cualquier caso hay que juzgarle por sus resultados, no por su sintonía con los periodistas y los aficionados. Y si las cosas van razonablemente bien, los balances se hacen cuando tocan, no a la novena jornada. No nos equivoquemos: a Poyet no se le trajo por dicharachero ni para que el Betis se colocase a las primeras de cambio en Champions, sino para que vaya forjando un equipo sólido que pueda hacer crecer a la entidad a medio plazo. Y es necesario más tiempo para valorar si va en el camino correcto.

Manuel Contreras

Manuel Contreras