Petros y Rennella tratan de anticiparse al jugador del Granada Rubén Pérez (Foto: EFE)
Petros y Rennella tratan de anticiparse al jugador del Granada Rubén Pérez (Foto: EFE)

La caraja

El Betis sale desconectado porque en realidad no sabe muy bien a qué juega.
Por  11:26 h.

En Andalucía, uno de las peores descalificaciones que contempla el léxico popular es “carajote”. En una tierra con tradición pícara, ser carajote es peor que ser malvado o deshonesto. Al malvado se le reconoce astucia, pero el carajote simplemente no se entera de nada: es un pánfilo, un sangregorda, un pusilánime. Yo no diría que los futbolistas del Betis sean carajotes, pero es evidente que el equipo de Mel sale al campo con una caraja importante. Tener la caraja significa sufrir un carajotismo transitorio, un alelamiento reversible pero terriblemente lesivo. Lo malo es que cuando el letargo carajotil se desvanece, en muchos casos ya está todo perdido.

El pasado sábado en Granada no fue así y se logró al menos el empate, pero son muchos los partidos de la era Mel que el Betis ha tirado por la borda por salir bostezando. Sin recurrir a San Google se me vienen a la cabeza las decepciones de Málaga, Vallecas, el Calderón y, ay, los derbis. Cualquier equipo puede tener un día tonto, pero en el caso de los verdiblancos la reiteración de fracasos no apunta a una eventualidad, sino a un problema crónico. ¿De qué se trata? ¿Miedo escénico? ¿Desconfianza en sus posibilidades? ¿Pastillas narcotizantes en la bebida?

Mi impresión es que el Betis sale desconectado porque en realidad no sabe muy bien a qué juega. Los equipos cimentan su fe en un modelo definido de juego, en un sistema en el que creen. Pero el Betis no sabe cuál es su credo y no sabe qué hacer con el balón. Ni juega al contrataque, ni juega a tocarla; ni juega por las alas, ni juega por el centro. Se diría que los futbolistas tienen una empanada mental considerable que les hace sentirse vulnerables y asustarse con el balón. Nadie coge las riendas, nadie marca el “tempo” del partido. Ojalá que Mel se aclare las ideas y defina pronto un estilo de juego, porque para los aficionados terminar un partido con cara de derrotado es malo, pero terminar un partido con cara de carajote es mucho peor.

Manuel Contreras

Manuel Contreras