Juan Merino da indicaciones desde la banda (Foto: EFE).
Juan Merino da indicaciones desde la banda (Foto: EFE).

La trenka de Merino

La elección de la prenda no es baladí, porque en cierta forma el Betis de Merino aspira a ser como la trenka: funcional, eficaz, sin concesiones estéticas ni adornos prescindibles
Por  12:44 h.
Los entrenadores de fútbol se dividen grosso modo en dos grandes grupos: los que en los banquillos visten traje y los que visten chandal. Siempre he preferido la primera opción, porque el entrenador con chándal, tipo Luis Aragonés, siempre me ha parecido desaliñado y de naturaleza guarretona. No entiendo por qué tiene que ir en chándal un señor cuyo trabajo consiste en sentarse y pegar gritos, salvo que pretenda mimetizarse con sus empleados en un guiño cómplice. La opción del entrenador encorbatado, que se ha ido imponiendo en los últimos años, admite la subclasificación entre modernitos y rebajistas: los primeros, generalmente técnicos de un club grande, jóvenes y con buena figura, visten traje de Armani con corbatita estrecha y zapatos con punta, de forma que no se saben si van al banquillo de un campo de fútbol o a un pase de modelos. Los rebajistas son esos entrenadores de la clase media futbolística cuya cabeza siempre pende de un hilo y que no tienen tiempo de preocuparse por su imagen, y suelen ataviarse con ese traje de rebajas que usted y yo también tenemos en el armario para el troteo cotidiano.
El pasado sábado me fijé en que Merino, al que nadie puede negarle que sea un tipo con carácter, quebró esta catalogación para crear una nueva subespecie: el entrenador trenka. El linense se presentó en el Villamarín con una trenka setentera, con su capucha y sus cerclajes con forma de colmillo de tiburón para abrochar la pellizca. A falta de alcanzar un estilo de juego característico, Merino ya tiene su propio sello indumentario, y su trenka debería pasar a los anales del estilismo bético, como la gabardina de Iriondo o el chándal eterno de Vicente Montiel.
La elección de la prenda no es baladí, porque en cierta forma el Betis de Merino aspira a ser como la trenka: funcional, eficaz, sin concesiones estéticas ni adornos prescindibles. La trenka no se anda con tonterías, se dedica a abrigar, y punto. Es sobria pero fiable, y lo mismo te vale para ir a un sitio elegante que a otro humilde. La trenka es al armario lo que el propio Merino es al Betis: un tipo modesto y sin tonterías del que siempre puedes echar mano porque su solvencia nunca pasa de moda. Te puedes gastar mucho dinero en otros abrigos, pero al final el día que hace frío de verdad echas mano de la trenka, porque sabes que no te va a fallar. Confiemos en que la trenka de Merino nos quite el frío en el duro camino hasta mayo.
Manuel Contreras

Manuel Contreras