Los jugadores del Betis aplauden a los aficionados que acudieron a Villarreal (Foto: EFE)
Los jugadores del Betis aplauden a los aficionados que acudieron a Villarreal (Foto: EFE)

Levántate, Lázaro

Como en el milagro, algunos cadáveres parecen levantarse y andar en el Betis
Por  13:44 h.

Al olmo seco verdiblanco, hendido por el rayo y en su mitad podrido, algunas hojas nuevas le han salido. La cita de Villarreal ha dejado en Heliópolis una cierta dinámica de resurrección, como si en lugar de crudo invierno estuviéramos en las postrimerías de la Semana Santa. Como en el milagro de Lázaro, algunos cadáveres parecen levantarse y andar en el Betis. Cualquiera que viera correr sobre el césped de El Madrigal a Kadir o Fabián creerá a pies juntillas en la resurreción de los muertos. Pero como los milagros no existen, habrá que pensar que la muerte futbolísitica de jugadores válidos en el Betis se debe únicamente al empecinamiento de Pepe Mel en marginar a parte de la plantilla y no darles una oportunidad pese al mal juego del equipo.

Pero las resurrecciones en el Betis no solo atañen a jugadores poscritos. Parece haber resucitado la suerte, que es factor decisivo en el fútbol. El balón al poste de Soldado a los dos minutos de partido se antoja como un cabo de Hornos en el azar verdiblanco; nadie duda de que dos semanas antes esa pelota hubiese terminado, como tantas otras en el arranque de las contiendas, en el fondo de la portería. Quizás haya que encuadra en esta revirá caprichosa del destino las lesiones de Bale y Benzema justo antes de enfrentarse al Betis, lo que apunta a que el Real Madrid se presentará en el Benito Villamarín sin el 66 por ciento de la BBC.

Lo más importante, sin embargo, es la resurreción de la confianza, del coraje, del orgullo de vestir la camiseta de la trece barras. Merino no será el mejor estratega del mundo, pero es el técnico ideal para esta terapia regeneradora. La táctica más perfecta no puede funcionar si los jugadores que la ejecutan están desmotivados, perdidos en trifulcas de vestuario, desorientados ante los vaivenes de un entrenador ciclotímico. Merino es compromiso. Probablemente nunca entrenará a un club inglés o ruso, pero nada le distraera de su único objetivo, que es el bien del club. Quizás no haga jugar al Betis primososamente, pero es la persona idónea para la prioridad más urgente, que es levantar a un equipo que estaba cadavérico. Y en el Betis actual, eso es un milagro como el de Lázaro.

Manuel Contreras

Manuel Contreras