Imagen de la afición bética ante el partido frente al Barcelona (Foto: Raúl Doblado)
Imagen de la afición bética ante el partido frente al Barcelona (Foto: Raúl Doblado)

Los afrancesados del Betis

Estoy seguro de que todos estos afrancesados de nuevo cuño se pondrán se pondrán orgullosos las insignias verdiblancas el día que el Betis levante un trofeo
Por  14:23 h.

En la segunda mitad del siglo XVIII, en pleno dominio francés en España, aparecieron los afrancesados, una tendencia política y cultural que tuvo éxito sobre todo en la clase acomodada española que prefería entenderse con el enemigo antes que mantenerse fiel a sus referencias patrióticas. Los afrancesados presumían de leer libros franceses, empleaban galicismos en el lenguaje y adoptaron rápidamente la moda francesa, como fue el uso generalizado de las pelucas empolvadas. Los afrancesados han pasado a la historia como sinónimo de gente acomodaticia, débil y sin ideales. Un juicio objetivo, sin embargo, otorga cierto crédito a esta corriente: es probable que bajo dominio francés, como parte periférica del imperio, a España le hubiese ido mejor. Los franceses habían tomado decisiones políticas acertadas en los últimos y disfrutaban de los éxitos consiguientes. Pero el pueblo se levantó contra el invasor y prefirió malvivir como españoles antes que someterse al imperio dominante.

La tendencia a congraciarse con el vencedor es una reacción humana que se ha repetido históricamente (el colaboracionismo nazi en la Francia ocupada de la Segunda Guerra Mundial, sin ir más lejos). No hay que rasgarse las vestiduras. La rendición se disfraza de pragmatismo: los afrancesados trataron de justificar su actitud alegando que ante la aplastante superioridad francesa no podía hacerse otra cosa que colaborar con el monarca impuesto por Napoleón. Es una actitud respetable, pero la historia demuestra que los grandes logros no los consiguen los que relajan sus convinciones patrióticas, sino los que se aferran a ellas. Los que siguieron creyendo cuando todo estaba perdido, los que se negaron a enarbolar una bandera que no era la suya aunque las circunstancias les empujasen a ello.

A diferencia de otros amigos béticos, no me indigna la imagen de varios béticos significados mostrando su apoyo al Sevilla en la final de la Copa del Rey. Cada uno gestiona sus adhesiones y entiende el beticismo como quiere. Además, estoy seguro de que todos estos afrancesados de nuevo cuño se pondrán se pondrán orgullosos las insignias verdiblancas el día que el Betis levante un trofeo. Pero también creo una cosa: cuando ese momento llegue, no habrá sido gracias a ellos.

Manuel Contreras

Manuel Contreras