Joaquín trata de disparar a portería en el Betis-Rayo Vallecano
Joaquín trata de disparar a portería en el Betis-Rayo Vallecano

Maldito Betis

Que el Betis no se haya planteado sembrar ajos tras las porterías demuestra que estamos en manos más serias que en 1997
Por  13:38 h.
Fue uno de los episodios más chuscos del loperismo, allá por 1997. Llevaba el Betis una serie de resultados adversos en casa y el máximo accionista, que no podía concebir que una plantilla entrenada por Luis Aragonés y con Alfonso, Finidi y Jarni en sus filas no ganara, atribuyó la mala racha a un hechizo de un nigromante sevillista. Se trataba de Pepe el Brujo, el cual se vanagloriaba de haber echado el mal de ojo al Betis después de leer una pancarta en la que rezaba “Sevilla, púdrete en Segunda”. La directiva bética, se supone que a instancias del máximo líder, tomó cartas en el asunto y sembró ajos tras las porterías del Benito Villamarín. Aquello trascendió para oprobio del beticismo y chufla generalizada… pero el primer día que las hortalizas aparecieron en el césped, el Betis ganó al fin. Nunca podremos saber si el triunfo -ante el Dépor, creo recordar- se debió al contraconjuro agreste o a la mejora del juego verdiblanco, aunque lo cierto es que la credibilidad de Pepe el Brujo quedaría comprometida unos años después cuando aseguró haber hechizado a Cristiano Ronaldo para que una lesión le hiciera abandonar el fútbol y no pudiera marcar goles con el Real Madrid. “Solo” lleva 347.
Que el Betis no se haya planteado todavía plantar ajos detrás de las porterías es un síntoma elocuente de que el club está en manos más serias que en 1997. No tendremos a Finidi ni jugaremos en Europa con el Chelsea, pero al menos no somos el hazmerreír de la Liga. Pobres pero decentes. Pero lo cierto es que hace tiempo que el Betis se sienta en un pajar y se clava la aguja. A veces uno llega a pensar que este Betis está maldito, tantas son las brujerías que se solapan una tras otra: la maldición de los resultados en casa, la maldición de las lesiones, la maldición de los malos arbitrajes, la maldición del embrollo judicial, la maldición de la inestabilidad institucional, la maldición de los errores de gestión, la maldición del cainismo, la maldición del pesimismo crónico, la maldición de una expectativa de fracaso que parece insoslayable… la catarata de conjuros merecería convertir la ciudad deportiva en un campo de ajos. Pero de las malas coyunturas no se sale con supercherías, sino con trabajo. Más horas de entrenamiento, más condición física, más jugadas de estrategia. La grandeza del fútbol está en que la suerte puede decidir un resultado en un tiro a la cruceta en el último minuto de un partido (¡ay, Ceballos!), pero antes de llegar a ese último suspiro caprichoso se impone la lógica, y normalmente cada uno acaba donde se merece. Se puede perder una final por mala suerte, pero nadie llega a la final por simple fortuna. Así que para terminar con esta maldita mala racha no hay que recurrir a hechicerías, sino al sudor. Y los ajos, al gazpacho.
Manuel Contreras

Manuel Contreras