El técnico bético, Gustavo Poyet, se dirige al cuarto árbitro en el partido jugado en Anoeta (Foto: J. M. Serrano)
El técnico bético, Gustavo Poyet (Foto: J. M. Serrano)

Punto final

El beticismo ha cambiado el optimismo manquepierda por el pesimismo manque gane
Por  14:49 h.

Si hubiese que poner música de fondo al partido del Betis en Villarreal, sería la marcha fúnebre de Chopin. El equipo ha perdido las escasas virtudes apuntadas en dos meses y medio que llevamos de competición (garra en el juego, espíritu de sacrificio y una buena condición física) y ha entrado en una espiral desmotivadora que parece imposible de revertir. Los dos pilares del equipo en las útlimas temporadas, Adán y Rubén Castro parecen aburridos, y no se ve en la plantilla ningún jugador capaz de echarse el equipo a la espalda. Hasta Joaquín, que arrancó la temporada como líder espiritual del equipo, parece haber tirado la toalla. No hay que ser un lince para intuir problemas de vestuario y una creciente animadversión del colectivo hacia el entrenador. La pelota -o más bien la guillotina- está ahora sobre la mesa de los directivos, que deben marcar los tiempos de la resolución de la crisis. Pero lo cierto es que el proyecto de Poyet parece haber llegado a su punto final.

En este fracaso tiene culpa Poyet, que ha decepcionado, y tienen culpa los que lo trajeron, que han errado en la piedra angular del proyecto. Pero hay más culpas. En este Betis -y no hablo como club, sino como entidad deportiva y sociológica- es muy difícil triunfar. La dinámica en la que está sumido el beticismo desde hace años convierte el éxito en una quimera. Desde Serra Ferrer han pasado decenas de entrenadores y ninguno ha triunfado. ¿Todos ellos eran malos? ¿Todos eran unos incompetentes? El beticismo ha cambiado el optimismo manquepierda por el pesimismo manque gane. Demasiada gente se siente cómoda en la teoría de que esto es un desastre y no tiene arreglo, y así es muy difícil generar ilusión. Es posible que Poyet sea un mal entrenador, o al menos que no sea el entrenador que necesita el Betis, pero también es verdad que a Poyet le estaban esperando desde el verano. Como a tantos otros. El problema de fondo es que, tras tantos años de zozobra, al Betis se le ha perdido el respeto. Punto final.

Manuel Contreras

Manuel Contreras