Jonas Martin protesta una acción ante un jugador del Sporting de Gijón (Foto: Raúl Doblado)
Jonas Martin protesta una acción ante un jugador del Sporting de Gijón (Foto: Raúl Doblado)

Si se pierde la intensidad…

Para ser competitivo, el Betis debe alejar cualquier atisbo de suficiencia
Por  10:04 h.

El esperpento que perpetró el Betis en el partido de ayer demuestra dos aspectos de este equipo: que tiene muy poco fútbol en sus botas y que necesita una alta intensidad para sacar los partidos adelante. La buena racha de los verdiblancos en el Villamarín no estaba basada en el buen juego, sino en un meritorio esfuerzo de motivación apoyado con una buena condición física. La llegada de Víctor sirvió de estímulo añadido para que los jugadores ofrecieran en su estadio una garra que no habían mostrado con Poyet. Fueron los días del discurso de los lobos y demás, ya saben. La arenga permitió solventar varios partidos en casa, lo que ha aportado cierta tranquilidad clasificatoria, aunque lejos del Villamarín los lobos ejercían más bien de corderos y mostraban sus limitaciones.

La peor noticia del partido con el Sporting es que esta conjura casera parece diluida. La bipolaridad verdiblanca se disipa y el Betis apocado de fuera se impone al aguerrido del Villamarín. El educado y cortés doctor Jekyll acaba con el cruel señor Hyde. Malas noticias para un club cuya única esperanza de éxito pasa por alimentar su instinto asesino y saltar al campo dando bocados al aire.

El Betis no tiene un gran equipo, pero tampoco es peor que gran parte de la Primera división. Y desde luego es mejor que los tres que pugnan en los sótanos de la tabla. Pero para ser competitivo debe alejar cualquier atisbo de suficiencia. Ayer saltó al campo pensando que iba a ganar por inercia y no fue capaz de gestionar el partido tosco y embarullado plantearon los asturianos. Al Betis le faltó una marcha más, la que le proporciona la intensidad. Y sin intensidad este equipo puede pasarlo mal en la segunda vuelta.

Manuel Contreras

Manuel Contreras