Miguel Guillén, presidente del Real Betis, en el aeropuerto antes de tomar un vuelo
Miguel Guillén, presidente del Real Betis, en el aeropuerto antes de tomar un vuelo

Afrentas

El Betis, castigado en los organismos nacionales, debe exigir respeto
Por  22:03 h.

Gil Manzano ha sido castigado por el Comité Técnico de Árbitros, el Comité de Competición le ha retirado a Rubén Castro su amarilla, la Liga de Fútbol Profesional adelanta el Villarreal-Betis con los verdiblancos a casi 4.000 kilómetros horas antes del partido, el Barcelona pide que se anticipe una fecha su duelo ante los heliopolitanos pronosticando que caerán en la Liga Europa… El Betis se ha convertido, además de en el colista, en un equipo que le importa a pocos más allá que a su gente. Sirvió en tiempos como chivo expiatorio de sanciones abusivas por exaltados que afearon el nombre de su afición y que, tal y como se ha visto recientemente, habitan en todas las gradas pero no pasan por el mismo escarnio sufrido en estas latitudes. Al Betis se le falta al respeto cada dos por tres y quizás gran parte de culpa sea del propio Betis, pero aun así no es de recibo defender que la justicia sólo llega a través del pasilleo, sino que debe ser indisociable del proceder de quien toma las decisiones en el cuadro de mandos del fútbol español más allá de quiénes sean los implicados, poderosos con aspiraciones de títulos o pobres destinados al descenso. Esta quimérica voluntad se encarna en lo que sufre el Betis de hoy, un club descompuesto en el que no todo funciona mal pero que está manchado por su deriva deportiva, habitualmente consecuencia de errores en otras áreas además de la propia. El Betis no hace más que sufrir afrentas que indignan a sus seguidores, indefensos y cada vez más descreídos de todo lo que signifique imparcialidad entre los acolchados sillones de los organismos. Javier Tebas, que cobró como representante del Betis en la LFP en la época de Lopera, ahora aparece como artífice de algunas de las fechorías. Éstas tienen la trascendencia justa puesto que más allá de Despeñaperros el Betis sigue siendo ese club simpático que se va a Segunda a pesar de tener una afición hasta pintoresca y un antiguo presidente simplemente excéntrico que para algunos es gracioso a pesar de estar imputado por asuntos gravísimos. El Betis es mucho más que eso, es un club histórico que no merece tales afrentas. Que ha de ser respetado por todos ya que su sitio es la Primera división y, aunque deportivamente vaya a caer, su escudo no puede ser manchado así. Quizás el pecado de los consejeros actuales ha sido no inscribirse y aceptar las reglas de ese coto cerrado que es el fútbol español, donde mandan los mismos desde hace casi 20 años, entendiéndose en un mismo lenguaje de dudosa reputación. Quizás ese aire fresco que tanto gustó de Guillén y los suyos ha chocado con un ambiente enrarecido, de humo y pactos tácitos, de hermandad en la protección de un mundillo que sólo acepta a quienes juegan su juego más allá de dignidades. Ahí también cae el Betis, pero que lo haga con dignidad. Que proteste como hizo Guillén, que sea valiente y que haga que los béticos se sientan orgullosos de quienes también deben defender su escudo allá donde lo representan.

Mateo González

Mateo González

Jefe de Sección de Deportes en ABC de Sevilla
Mateo González

@Matglez

Periodista / Journalist. Jefe de Deportes de @abcdesevilla, @AFDLP y @Orgullo_Nervion RT no significa estar de acuerdo
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