Cha-pa-rro

Por  15:35 h.

Alto y claro, por si alguien no se ha enterado todavía. Es el apellido del entrenador ideal para el Betis de hoy en día. Es de Triana, está curtido en mil batallas y tiene trece barras protegiendo al músculo que late en su pecho. De ahí sale, pero desde que llegó no hay quien le discuta su sitio. Números de escándalo, de Betis de otro tiempo, de objetivos lejanísimos pero tan reales como que volteó una situación ante la cual muchos le veían como una especie de gaseosa temprana que iba a “quemar” al plantel con su vehemencia y sus métodos desfasados. Pues no. Chaparro no fue un efecto, es una constante, es una garantía. Se ha convertido, en pocos meses, en lo más fiable de una casa que le necesita. Porque el resto de candidatos ya pueden venir de la estepa rusa, las montañas cántabras o el altiplano andino con currículos extensísimos y plagados de brillantes títulos que no serán tan solventes como Chaparro. Sesenta y cinco años de deseo pesan mucho.

Tiene un enemigo: los celos. Ya ha ocurrido una vez y el protagonista tiene pinta de reincidente. El que manda, el que tiene la sartén por el mango, el que decide, quiere que Betis y su apellido vayan tan indisolublemente ligados que los éxitos sólo sean atribuíbles a su gestión y no a los éxitos en parcelas de otros, simples subordinados que aprovechan los excelentes resortes que él pone a su disposición. Seguro que tiene parte de gloria, cuando ésta llegue, pero también mucha de culpa por hacernos creer que todo vendrá tras milagro divino… o trianero. Chaparro es el hombre, no hay duda. ¿Para qué buscar? Ya se marchó uno que también lo era pero sobre él cayó todo el peso de la ingratitud. Mejor no citarlo porque seguro que no ayuda en nada. La plantilla ya ha dado su veredicto: quiere a Chaparro. Que se enteren todos y que le den lo que pida, porque lo que ha hecho no se paga con dinero, se hace dejando que se cumplan sus sueños, que son los mismos que los de todo el beticismo. ¿O no es bético el que decide las cosas en este club?

Redacción

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