A la izquierda, Haro y Catalán; a la derecha, arriba Lopera y Oliver y abajo, Zulategui y Castaño
A la izquierda, Haro y Catalán; a la derecha, arriba Lopera y Oliver y abajo, Zulategui y Castaño

La equidistancia

Considerar que Haro y Catalán parten desde el mismo plano que Castaño, Lopera u Oliver es injusto
Por  12:20 h.

En unos días el Betis vive otra de sus jornadas decisivas. O al menos así se anuncia. El 30 de diciembre los accionistas verdiblancos están convocados para evaluar la gestión del consejo en la temporada 2015-16 (décimo puesto liguero y 3,9 millones de euros de beneficio, como datos objetivos) además de tratar asuntos del presente como el presupuesto el curso actual, la integración del baloncesto y el fútbol sala en la estructura de la entidad y algunas reformas estatutarias. Sin embargo, la cita se ha transmutado en una cuestión de confianza hacia el consejo actual, liderado por Ángel Haro y José Miguel López Catalán. Muchas cuestiones han aparecido en el debate actual, principalmente la situación deportiva, lo más trascendente en un club que se dedica a eso, al deporte. El fútbol. Es evidente que el Betis, en este ámbito, no está alcanzando las metas marcadas aunque la temporada aún no ha terminado pero sí es un elemento de enjuiciamiento crítico en contra del proceder de este consejo y los profesionales que ha elegido para liderar esta materia. En otras cuestiones, como la obra de Gol Sur, la profesionalización de las estructuras, la creación de la radio y la televisión, el balance económico o la proyección de la marca, no hay dudas de que el club va por buen camino.

Dicho lo cual, en la junta del día 30, como en las anteriores, el bético accionista tiene ante sí las posibilidad de dar su opinión acerca de lo que se ha vivido y se vive en la entidad en estos días. Haro y Catalán han reconocido sus errores y presentan su candidatura a continuar algo que en el Betis siempre se echó en falta: un proyecto. La alternativa, si aparece, calla por estrategia aunque está siendo impulsada por una cuestión que define la moral de esta sociedad: la equidistancia. Farusa, con un 19,96 por ciento, y Castaño, que maneja entre propias e indirectas alrededor de un cinco por ciento, incluso con apoyo de Bitton, aparecen de limpio para algunos como la solución a los males béticos. Los mismos que generaron la más grave situación helipolitana de estos tiempos con 90 millones de euros de deuda y diversas actuaciones irregulares que motivaron una doble intervención judicial y concursal de las cuales sólo cabe interpretar que el Betis es indestructible puesto que cualquier otro club estaría desahuciado relamiéndose en campos de albero las heridas de gente que sería proscrita. Sin embargo, en el universo bético hay quien ve inmaculados a Lopera, Castaño u Oliver, y que los venden como una alternativa de futuro y mejoría. Obvian, por interés, sus “títulos nobiliarios”: condenados con años de inhabilitación y multas por el agravamiento de la situación del Betis previo a la entrada en el concurso de acreedores. Además de estar implicados en diversos procedimientos en los que han aparecido pruebas irrefutables de la mala gestión que hicieron antes y después: procesamiento de Lopera en el caso penal cuyo juicio comenzará en abril, costas millonarias contra Castaño por impugnar la junta de 2011, la acción social de responsabilidad, la presuntamente irregular adquisición de al menos el 31,38 por ciento de las acciones por parte de Farusa en 1992… Y se permiten el lujo de poner en el mismo plano a Haro y Catalán, que hasta la fecha han demostrado, con sus errores y aciertos, una gestión sobre la cual no hay atisbo de dudas. La abstención es una opción, claro, pero con la responsabilidad de conocer sus consecuencias. Si ésta deriva en el retorno al proceloso pasado, pues ya sabrán aquellos lo que han hecho o dejado hacer.

Todo en el marco de esa equidistancia que olvida que Lopera tardó años en sacar al Betis de Segunda, que lo descendió otras dos veces y que manchó al club con su proceder (condena de Hacienda incluida), destacando sus hitos, que tampoco fueron desdeñables pero que no llegaron solos. Igual que con la situación judicial, un olvido selectivo, como esconder que el caminar del Betis no ha cambiado en su más que centenaria historia de ascensos, descensos, alguna clasificación europea, siete años en Tercera, una Liga y dos Copas. Que lo único que ha variado futbolísticamente en esta ciudad es la senda exitosa del vecino, algo sin precedentes locales y que se gestó con esa paciencia y crecimiento pausado que hoy tanto se critican en algunos grupúsculos de Heliópolis cuando se pide por parte de sus responsables.

Y le toca al bético decidir. Como en el 23 de septiembre y el 17 de diciembre de 2015. Aquella movilización tuvo un doble sentido: apostar por el futuro y poner diques al pasado. En un año no ha cambiado nada. Y el que esperara milagros, que los descarte en el fútbol de hoy. Sí, hay elementos de crítica porque la marcha deportiva, la planificación, la elección de Poyet, el descenso del Betis B, la salida de Macià o el conflicto con Ollero son jirones en la piel del proyecto de Haro y Catalán pero no cabe duda de que el Betis que quieren dibujar merece una oportunidad y que defender la equidistancia no hace más que retratar en muchos sentidos a sus protagonistas.

Mateo González

Mateo González

Jefe de Sección de Deportes en ABC de Sevilla
Mateo González

@Matglez

Periodista / Journalist. Jefe de Deportes de @abcdesevilla, @AFDLP y @Orgullo_Nervion RT no significa estar de acuerdo
@PacoPepeOrtega Todo muy exagerado pero así está el patio. Inflación por todos lados - 2 horas ago