Proyectos

Por  17:53 h.

Pensar más allá del presente no tiene razón de ser en este Betis. Es una desgracia, pero la realidad conduce a toparse con este aserto. Un club que vive tan del día a día, de los impulsos personales de su dueño y que es capaz de cuestionarse la continuidad de un técnico que ha obrado un milagro con una plantilla que ha sido dada por descendida dos veces en esta temporada (recuerden si no, cuando se destituyó a Cúper y en los instantes posteriores al botellazo a Armando) no puede armar proyectos a largo plazo, quizás ni siquiera a medio. Sería su gran solución, pero su construcción no estaría basada en sólidos pilares, sino que dependería de cuestiones tan baladíes en lo empresarial como los celos, las cuitas personales o los vaivenes de la dichosa pelotita.

Lleva escuchando Lopera tantos años eso del proyecto que ya hasta le cae mal la palabra y evita tener el suyo propio. La ciudad deportiva va a paso de Sagrada Familia, la plantilla se edifica a base de oportunidades del mercado y no con un criterio unificado, las estructuras (otra palabra tabú) se han convertido en entelequia y el tonteo con la Segunda es tan recurrente como previsible cada temporada. Chaparro expuso el boceto del suyo hace unos días y se encontró con poca simpatía en los despachos pero buenas palabras de cara a la galería. Quizás lo mejor sería venir sin un proyecto, como hicieron Irureta o Cúper y que todos los males del club lo pagaran los técnicos de turno (que tampoco contribuyeron demasiado para evitarlo). El que tiene un proyecto, como le pasó a Serra, está condenado a tragárselo o a pasar por el aro de matizarlo tanto que no sea más que un papelito con promesas sin fecha para verse cumplidas. Debe ser harto difícil negociar con tu empresa temiendo que ésta te ponga trampas y que su palabra no sea para nada fiable. Por desgracia es el caso de este Betis que quizás sólo tenga un proyecto: sobrevivir a Lopera.

Redacción

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