Respeto

Por  11:14 h.

Como se ha dicho en infinidad de ocasiones, el fútbol no tiene memoria. Ocurre lo mismo en otros ámbitos de la vida, pero quizás sea el inquieto mundo del balón redondo el que menos respeto guarda por quienes fueron sus héroes. Quizás, se defenderán algunos, la elevación a los altares y la imposición de la corona de laureles es en la mayoría de la ocasiones un acto perfectamente revocable, innecesario y gestado por intereses ajenos. Sin embargo, el agradecimiento aparece como una palabra desconocida en este negocio voraz y desenfrenado en el que se ha convertido la ilusión infantil, juvenil e incluso adulta de la gran mayoría de los ciudadanos. ¿Para qué todo este alegato, dirán ustedes? Pues bien, en el Betis de hoy en día se está ejecutando un ejemplo claro de todo lo que se ha escrito anteriormente. Dani, aquel menudo chaval de la cantera que volvía locos a todos y que se ganó el cariño de una grada que se identificaba con él, tuvo buena parte de culpa de que las últimas generaciones de aficionados verdiblancos saltaran y gritaran por una alegría de verdad, una de esas que tan poco han aparecido en la historia de este centenario club. El trianero ha sido el autor del gol individual más importante de la historia del Betis, el tanto más decisivo, el gestor del único título de la era Lopera. Todo el beticismo le acompañó en ese zurdazo cruzado que sorteó a Cruchaga y Elía antes de besar la red y provocar que más de medio Calderón agarrara con fuerza una Copa que no se escapó más. Entonces Dani era un héroe, un ídolo, no podía dar dos pasos por la calle sin ser felicitado, andaba sobre una nube pero nunca perdió el norte. Había sufrido mucho con las lesiones y tenía la cabeza en su sitio. El fútbol le dio otro rato de gloria con su tanto ante el Chelsea pero nada fue igual. Han pasado algo más de tres años y ahora corre en las tardes del calor sevillano probando las fluctuaciones del mercurio “castigado” por no entrar en los planes de Chaparro y no tener ofertas que interesen al que le paga. No es que Dani y sus compañeros no estén bien pagados o que al delantero se le deba rendir pleitesía eterna por su gol (en otros lugares sí lo hacen, sobre todo cuando el equipo no es que haya mejorado, sino que su rendimiento ha descendido sobremanera), pero sí debe aparecer por algún lado el respeto por el que ha repartido tanta felicidad entre los suyos ya que Dani, si nadie demuestra lo contrario, es tan bético como los que dirigen este club.

Quizás nadie tenga la culpa porque no hay campos de entrenamientos suficientes para compatibilizar horarios en una ciudad deportiva vetusta y que se acondiciona a paso de tortuga o porque su presencia en el grupo supondría una fácil excusa para no fichar a otros delanteros, como podía haber ocurrido con Maldonado o Miguel Ángel, pero la situación es altamente injusta y sea como sea Dani, por lo que ha sido, merece respeto, sólo eso.

Redacción

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