Miguel Guillén, entre varios consejeros
Miguel Guillén, entre varios consejeros

Todo está mal

El Betis y su deriva institucional y social
Por  18:30 h.

No hay espacio para el optimismo en el Betis. Todo está mal. No hay manera de valorar con justicia lo que se hace. Todo está mal. El prisma del desastre se ha instalado para observar aquello que sale en verdiblanco. El Betis se ha convertido en un sumidero, en un vertedero de asuntos negativos. Y si aparece algo por lo que alegrarse, ya se encargarán otros de mancharlo para que todo siga estando mal. Y así no hay manera. La demencia que acompaña al fútbol lleva a rebuscar en hemerotecas y sorprenderse cuando hace justo un año todo estaba bien, inmaculado, sobresaliente. El día y la noche. Y hace nueve meses y así. Quizás ni aquello, seguro no lo de ahora. Está todo tan condicionado por esa imagen que transmite, siempre con el sello de la valoración perniciosa, que el consejo, con las horas contadas, se encuentra en una difícil tesitura que nadie encara con empatía: si sus componentes se marchan pronto serán tachados de cobardes, si aguantan considerando que es por responsabilidad les acusarán de aferrarse al cargo, si actúan pensarán que no están legitimados para tomar decisiones, si prefieren ser prudentes les juzgarán como pasivos dejando morir al Betis. Así no hay manera.

Y hablamos de una directiva que ha cometido un buen puñado de errores. Pero hay demasiados grises en esta historia y de justicia sería que el paso del tiempo los valorara así. El maremoto del fútbol lleva a consideraciones a corto plazo, hechas de semana en semana. Que afecte a los profesionales que saltan al campo o deciden las alineaciones es bien lógico, porque viven con ello, es su profesión y se van examinando casi en cada partido. Que suceda en este contexto de un club judicializado, con dirigentes provisionales y que asiste a un futuro incierto por la diversidad de situaciones que pueden darse, quizás no sea lo más propio. No hay que negar que buena parte del éxito de esta directiva llegó en contraposición a las muy oscuras épocas pretéritas pero su gestión entonces fue para tenerla en cuenta. En el hundimiento deportivo tienen, evidentemente, su parte de responsabilidad pero no deben asumir el todo por ser los últimos que abandonarán este barco. Los que peinamos ya alguna cana hemos visto al Betis peor, mucho peor. Quizás el concepto sea decepción, como con Bosch, sobre todo para los que creímos en un modelo de empresa de fútbol que resistiera la imprevisibilidad del universo deportivo. Eso no lo han conseguido y fue su perdición. Ahora dejarán, antes o después, un club por reconstruir aunque puedan intervenir en esta tarea. Se llevaron parte de los aplausos y palmaditas en la espalda del ascenso y sí es lógico que ahora les lluevan las críticas, pero siempre con sentido. Ni Guillén y su consejo eran superhéroes ni ahora deben ser repudiados. Son gestores. Han fallado y deben asumir su responsabilidad pero con los límites del respeto, la valoración conjunta y la educación.

Mateo González

Mateo González

Jefe de Sección de Deportes en ABC de Sevilla
Mateo González

@Matglez

Periodista / Journalist. Jefe de Deportes de @abcdesevilla, @AFDLP y @Orgullo_Nervion RT no significa estar de acuerdo
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