A la rica venta

Por  23:07 h.

Ya nadie le echa cuenta cuando abre la boca porque su discurso es tan rancio que hay que ser tonto de capirote para dejarse embaucar por él, pero hay que reconocerle a Manuel Ruiz de Lopera que aún le funcionan tretas tan añejas como las dialécticas para desviar la atención en los momentos de crisis, siendo la de la venta de sus acciones la preferida. No por rozada la historia ni por conocido su final (siempre acaba con el héroe sin vender el papel porque no puede dejar el Betis en manos extrañas), deja de tener éxito y mientras, a través de los medios, centra la atención de los aficionados en la entelequia del cambio, da tiempo a que Pavone y compañía sigan su psicoterapia contra la amnesia goleadora.

En los últimos días, los aspirantes a comprar el Betis hacen cola en Jabugo como si ansiaran hacerse con la primera paletilla de la última matanza. No lo digo por los de Qatar, que no comen cerdo, quienes le ofrecían el oro con el moro incluido, y quien sabe si tres docenas de burkas a la plantilla y cuerpo técnico para que pudieran salir de incógnito del estadio los días de partido; digo ofertas españolas: ahi está el señor Castel, que quedó en contestar, o los constructores gerundenses, béticos de toda la vida, último PGOU incluido, que aparecieron de pronto y con un pronto desmintieron la oferta. Y seguro que saldrán más pretendientes, porque ya dijo la Audiencia hace unos días que el Betis financia a todas las empresas que se le acercan, aún a riesgo de quedarse (o estar) tieso como un marqués de cartón piedra.

Como tarden mucho los chicos de Cúper en reaccionar, y con el calendario a la vista hay épicas que ni soñadas, los anuncios de compra y venta del Cambalache heliopolitano van a durar hasta el inicio del parón navideño. Justo hasta que don Manuel cambie de tercio, declare que no vende porque él no puede dejar al Betis en esta situación y le haga la pregunta del euro a su tocayo Momparlet: “¿A quién fichamos?”. Con su respuesta, tan solvente y servicial siempre, problema solucionado.

Redacción

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