Algo más que dos minutos

Por  2:31 h.

A Palma de Mallorca iban antaño los novios tras dar el sí a la agencia de viajes y los solteros a traerse un par de ensaimadas con un agujero en el centro para poder decir que se habían comido una rosca; después llegaron los jipis a hacer señales de humo sobre la arena de las calas y a atiborrarse de pastillas de LSD que guardaban en cajitas de juanolas; luego aparecieron los esnifadores de polvo de ladrillo, que talaron los árboles y levantaron setas de hormigón armado. Y ahora el Betis inaugura la era del ludópata masoquista, aquel que pierde el dinero antes de enterarse de a qué se juega.

Salían los jugadores de vestuarios al final del partido acordándose de los dos primeros minutos y con amnesia de los noventa y tantos restantes, que hubo abundante propina arbitral en los dos tiempos. Y no es eso. Nadie les hubiera pedido que remontaran, que no está el grupo para proezas, pero sí al menos que se dejaran ver, que demostraran que al menos jugando al fútbol el rival no era superior. Pero lo fue, especialmente ese mago de Ibagaza que gasta el mismo tarro mediano que Maradona, el único argentino que habla después de muerto y eso que lo matan a sobredosis de la cosa o en accidentes de tráfico a diario.

Mala imagen se dio cuando, a tenor de la valiente alineación de Luis Fernández, más se necesitaba el pasito adelante que pedía el capataz. Porque el tarifeño, que es listo hasta para lisonjear los oídos de Lopera diciendo que a esta plantilla sólo le faltan retoques para ser competitiva, sabe que apostarlo todo al punto a punto estando tan cerca del infierno es un negocio avalado por el demonio.

Y el martes, treinta y tres minutos para decir “aquí estoy yo” o para callar para siempre en las estadísticas. Marcador en contra y un cronómetro hecho suspiro. La lección la enseñó. sí, el Mallorca: se puede hacer dos goles en dos minutos. Claro que también hubo otra: la de dejar pasar noventa e irse sin saber de qué color vestía el portero rival.

Redacción

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