Los jugadores del Betis celebran un gol frente al Leganés (Foto: EFE).
Los jugadores del Betis celebran un gol frente al Leganés (Foto: EFE).

Betis: Atacar y atacar, para seguir mirando a Europa

Sólo Deportivo (44) y Las Palmas (47) tienen peores números que el Betis en goles encajados, tan malos que poseen billetes para la barca de Caronte
Por  9:29 h.

Dicen los que lo conocen a fondo que Sarabia, antes hijo de Manu, éste ahora orgulloso padre de Eder, tiene todas las condiciones para ser en un futuro muy próximo primer espada de los banquillos. Si al progenitor la Naturaleza le dio exquisitez en los pies, al chico le otorgó inteligencia para leer los partidos, que no es igual que verlos. La sanción de Quique Setién le obligó a oficiar de jefe frente al Barcelona y al final del encuentro dijo: “no ha sido un problema defensivo, lo que nos ha faltado ha sido valentía”. Esta afirmación les habrá chocado a muchos bajo el argumento de que “si siendo conservadores nos han metido cinco, de habernos abierto nos habrían marcado diez”, pero las estadísticas, independientemente del rival, le dan la razón: lo que salva al Betis esta temporada es su poder ofensivo, porque el edificio defensivo sufre aluminosis en estado terminal.

Cuarenta y un goles, dos de media por partido, encaja Adán. Sólo Deportivo (44) y Las Palmas (47), tienen peores números, tan malos que ambos figuran con billete para el viaje en la barca de Caronte allá por mayo. De no ser por su eficacia arriba, eso que ahora llamamos pegada como si el fútbol en vez de en un rectángulo se jugara en un cuadrilátero, el Betis lejos de mirar a Europa lo estaría haciendo hacia Málaga, por desgracia el equipo más meridional de la clasificación.

No es nueva esa apuesta. Pepe Mel, con diferente fortuna, siempre confió más en la contundencia de los suyos que en la fortaleza defensiva, en marcar un gol más que el contrario, fuera cual fuera el número de encajados. Eso que llaman equilibrio sólo está al alcance de los portentos, como su rival el domingo, que lleva 57 goles a favor y, asómbrense, nueve en contra. Que sí, que Messi es un dios, pero sus acólitos llevan todos sotanas acampanadas y hacen muy complicado el paso del balón. Una de ellas no le hubiera venido nada mal al bueno de Guardado.

El físico abandonó al Betis a la hora de partido, sin haber intentado siquiera arañar a los de Valverde, prendado por cierto de Fabián. Y ya no había fuerzas arriba ni para remendar el marcador. No hay otra: atacar y atacar para sobrevivir primero y vivir bien después.

Francisco Pérez

Francisco Pérez

Colaborador de Opinión en Deportes en ABC de Sevilla