Cúper invita a Lopera a volver al palco

Por  0:50 h.

Como los toreros veteranos sedientos de gloria y fama tras una corta etapa de silencio en sus vidas, Manuel Ruiz de Lopera vuelve a los ruedos. El ruedo de los presidentes de los clubes y de los consejeros delegados que no delegan nada es el palco, por más que a diferencia de los toros allí no son ellos los que sacan los pañuelos sino que se los sacan; más de uno ha sufrido por ello la suerte de varas, de banderillas y, en el caso de las aficiones más bravas, hasta el verduguillo.

Lopera ha esperado a ver lo que daba de sí el trabajo de Cúper antes de decidirse a dar de nuevo la cara desde la primera línea del frente. Antes, a lo más, había pulsado la opinión del beticismo afirmando que volvería si se lo pidieran, pero como la afición no está para plebiscitos y al final iba a hacer lo que le diera la gana, pues aprovechó que la ola de la esperanza sigue creciendo para subirse a ella. Lo mismo que hay delanteros oportunistas también existen mandatarios listos que saben aprovechar la ocasión cuando sólo hay que empujarla.

El caso es que Lopera hace una apuesta sobre seguro porque el equipo que está armando el técnico argentino desprende muy buenas sensaciones. Ganar a dos rivales de la talla del Milán y del Real Madrid y empatarle, superándolo después en los penaltis, a otro, el Zaragoza, que estará muy arriba en la Liga, es para ilusionarse. Cierto es, de cualquier forma, que el trabajo aún está medias, pues aunque el sistema defensivo ya tiene firmeza y la salida del balón desde atrás tiene cierta fluidez, falta creación de juego y remate. Y eso es más difícil de trabajar si no se tienen los elementos necesarios en el plantel, pues el talento y la eficacia, a diferencia de la solidaridad y la disciplina, no puede exigirse a los jugadores. Se tiene o no, no caben imposiciones.

Yo de Lopera, me curaba en salud trayendo a un buen delantero que acompañase a Pavone y Edu en sus probables soledades de vanguardia. Aunque sólo fuera para, llegado el caso, encogerse de hombros si la grada, con la guasa, le vuelve a invitar a bajar al campo y enfundarse el nueve de los “botas de oro” por no gastarse el dinero en un goleador.

Redacción

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