Capi, solera del 77

Por  14:23 h.

El Betis hizo los deberes en Castellón y se trajo para Sevilla uno de esos resultados que convierten la vuelta en un sembrado de bostezos sólo apto para jartibles. Pero cuentan las crónicas que el 0-2 sólo fue posible tras la salida al campo de Capi, convertido a sus años en un despertador para sus compañeros, dormidetes en el pasto castellonense. Digno de admiración este Jesús Capitán, solera del 77, al que Paco Chaparro ha dado galones de almirante en el nuevo navío bético.

No fue el camero un niño prodigio ni mucho menos. Llegó al primer plantel cuando la barba ya le pedía rasurado al menos cada dos días y en los tacos del almanaque figuraba el cambio de siglo y de milenio, con un redondo 2000. Desde entonces, salvo en las dos primeras temporadas, en la que lo jugó prácticamente todo, y en la última, en que fue uno de los fijos, tuvo que luchar siempre por conquistar un puesto de titular, porque nunca lo realizado la temporada anterior le valía para gozar de la confianza del entrenador de turno. Siempre ganaba ese pulso consigo mismo y con el banquillo por más que trajeran más y más mediapuntas, que campaña hubo en que se podía haber confeccionado una alineación completa sólo con guardaespaldas del delantero centro.

Hoy, de la mano de Chaparro, Capi no sólo no tiene nada que demostrar sino que comenzó la temporada viendo a otros como palmeros en el banquillo. Él mueve al equipo desde la nueva posición que le ha buscado el técnico trianero, que lo considera el único capaz en el plantel de darle al grupo el ritmo y la vivacidad que necesita en la traslación defensa-ataque. No está mal para alquien que cumple los 31, cuando muchos a esa edad ya piensan en sopitas y mesa camilla. Y lo mejor es que le queda cuerda para seguir siendo el fichaje más rentable del Betis unos cuantos años más.

Redacción

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