Ángel Haro, junto a José Castro, en la presentación del 'Champions for Life'
Ángel Haro, junto a José Castro, en la presentación del 'Champions for Life'

Ciclogénesis explosiva en el fútbol sevillano

De sábado a lunes, con la vergonzosa goleada sevillista, la nueva derrota bética y la tensa junta blanca, diluvió sobre nuestros clubes
Por  9:56 h.

No hay nadie en España que no sepa a estas horas quién es Ana. En otros tiempos, los cultos la habrían apellidado Bolena; los estudiosos de la II Guerra Mundial, Frank; los amantes de la música, Torroja; los apasionados del tenis, Kournikova, y los de los cotilleos, Pareja Obregón, entre muchas otras. Pero esta semana Ana fue la ciclogénesis explosiva que ha cruzado España. Sólo que no hubo una, sino dos. La que dejó agua y viento a espuertas en todo el solar patrio y la que asoló el fútbol sevillano desde el sábado, dejando a todos los protagonistas pingueando y con el pelo alborotado. Eso quienes lo conservan.

El material ciclónico, tal como manda la biblia de las borrascas, se formó en muy poco tiempo. Menos de 45 minutos, imposible. Los del primer periodo en el Santiago Bernabéu. Debacle vergonzosa la de la gente rojiblanca. Los goles cayeron como chuzos y no hubo que esperar mucho para escuchar los truenos de la afición y los rayos caer sobre Marcucci (Berizzo), Óscar Arias y hasta Pepe Castro, este último bajo la gotera malaya del palco, porque Florentino no le presta ni el paraguas.

Lejos de amainar, el ciclón se desplazó desde la Castellana a la Palmera, y el domingo descargó sobre la casa bética. El equipo fue otro, la actitud fue otra, pero el resultado no sólo fue el mismo, la derrota, sino que esta ocasión se la «dedicó» Quique Setién a Lorenzo Serra, al alinear a la chavalería «porque no hay profesionales». Señalado el vicepresidente deportivo, el diluvio y la ventolera alcanzó también a Haro y a López Catalán (a éste sólo se le nombra en las duras, acaso por un reflejo samaritano del entorno para que el presidente no se lleve todos los palos), que fueron quienes arrancaron al balear de su aparente retiro dorado.

De Heliópolis, donde abundan los cielos nublados los últimos años, la borrasca se desplazó ayer lunes a Nervión, donde, granizada mouriñista incluida, se temía que no hubiera pararrayos suficientes para contener el aparato eléctrico que desataría José María del Nido en la Junta de Accionistas del club, escenario de su rutilante reentré social. El informe de daños lo dejamos para el jueves.

Francisco Pérez

Francisco Pérez

Colaborador de Opinión en Deportes en ABC de Sevilla